Nacido como John Smith en McAlester, Oklahoma, en 1914. A los once años le tocó presenciar el suicidio de su padre, quien se disparó fuera de la ventana de su pieza. Esta imagen se tornó entonces una obsesión a lo largo de todo su trabajo. Cuando su madre se volvió a casar, el poeta tomó el apellido de su padrastro, quedando así como John Berryman.

En 1936 egresó de Columbia para luego continuar estudios en Cambridge, Inglaterra, donde trabó amistad con W.B. Yeats, W.H. Auden y especialmente Dylan Thomas. En este sentido, su formación fue más bien británica que gringa, a diferencia del resto de sus contemporáneos. Es quizá lo anterior una marca visible de su distanciamiento con la llamada Confessional poetry. Con los años y la relectura de su obra, se aprecia una distancia sobre todo formal con poetas como Robert Lowell, Sylvia Plath o Delmore Schwartz. Si bien es cierto que la crítica los suele asociar, los que los unió fue sobre todo la amistad.

Después de una tímida publicación en el 42’, aparece su debut oficial, The Dispossessed, que recibió algunas críticas desfavorables. A este libro le siguió Homage to Mistress Bradstreet (1956), que ya daba luces del complejo trabajo que vendría después. No sería sino hasta 1964, cuando aparecen las 77 Dream Songs: un trabajo inaudito para su contexto, comparable a lo realizado por Vallejo en Trilce. Es con este libro que se inicia el poema largo que trabajaría el resto de su vida. De esta manera, su obra comenzaría a ser reconocida como una de las más interesantes de la poesía anglosajona de la posguerra.

A pesar de la importancia que esta obra tiene en el mundo anglosajón, en nuestro idioma ha pasado casi inadvertida, salvo contadas excepciones que se pueden encontrar en antologías e internet. Esto se debe a que, por momentos, sus poemas parecen ser demasiado enigmáticos debido al inagotable caleidoscopio de recursos y referencias. Sin embargo, dada la soltura del fraseo –que expresa la capacidad acumulativa de los sueños– es inevitable sentirse atraído a la atmósfera de estos poemas, que muchas veces transitan de la frase hecha al tarareo mental.

El 7 de enero de 1972, John Berryman se tiró al río Mississipi desde el puente de Minnesota, muriendo instantáneamente al estrellarse contra el hielo.

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Las dream songs de john berryman (selección)

Estas versiones son parte del libro completo, 77 Dream Songs, que será publicado el próximo año.

3

Un estimulante para una vieja bestia
Acacia, mirra quemada, terciopelo, picaduras punzantes.
–Yo no soy tan joven pero tampoco tan viejo,
dijo destrozado el adorable 23.
La sensación última de estar en medio del frío,
sin un beso.
(–Mi psiquiatra puede lamer a tu psiquiatra.) Las mujeres
se meten bajo las cosas.
Tarde o temprano todos estos viejos criminales
lo han tenido. He estado leyendo viejos diarios.
Gottwald y Cia. en la quiebra.
Los pecho paloma renuncian. Doble agente, Joe.
Ella contiene su respiración como una foca
y es más blanca y más suave.
Rilke era un idiota.
Acepto sus penas & la música
& las señoritas de apellido todas despechadas.
Un umbral peor que los círculos
donde el vil se asienta y acecha,
a lo Rilke. Como dije,–

11

Su madre va. La madre va & viene.
También vino la de Chen Lung, vino y se acalambró y pronto
la madre del dragonero se fue.
Parece que no tenemos una buena cama para echarnos,
para siempre. Mientras él dibujaba su primer aliento,
mientras se pelaba las rodillas,
mientras con un amor bestial por Charlotte Coquet
patinaba de arriba a abajo frente a su casa
deseando que pudiera, señor, morir,
mientras lo matoneaban & soñaba que podía volar–
en los verbos irregulares– sus cuerpos buscados por el mundo
a salvo en el Ártico están
Strindberg se sacudió en su tumba, el gran Andrée
por el musculoso Fraenkel bajo lo que está en la carpa,
destrozado así luego pedazos por los osos
a través de décadas brutales, inofensivos. De pie
en parejas ir no vamos, pero tenemos una buena cama.
Dije lo que tenía que decir.

13

Dios bendiga a Henry. Vivió como una rata,
con un techo de paja por pelo en la cabeza
al comienzo.
Henry no era un cobarde. Mucho.
Nunca abandonó nada; en cambio
aguantó, cuando cosas como la lástima enflaquecían.
Entonces tal vez Henry era un ser humano.
Investiguemos eso.
…Lo hicimos; ok.
Es un humano americano.
Es verdad. Mi mina está frenando.
Mi puta me duele. Ven y redúceme, y traza mi camino.
Los enemigos de Dios son de Henry. Estamos negociando… Por qué,
qué asunto debemos aclarar.
Un monopolio.
No podría sentir otra cosa que eso. –Sr. Huesos,
mientras miro el azafrán del cielo,
me pegas por intratable.

14

La vida, amigos, es aburrida. Pero no deberíamos decirlo.
Después de todo, el cielo resplandece, el gran mar desea,
nosotros mismos resplandecemos y deseamos,
y además mi madre me dijo cuando era niño
(repetidamente) “Cada vez que confieses estar aburrido
significa que no tienes
recursos internos” Concluyo ahora que no tengo
recursos internos, porque estoy brutalmente aburrido.
La gente me aburre,
la literatura me aburre, especialmente la gran literatura,
Henry me aburre, con sus quejas y apuros
tan nefasto como aquiles,
que ama a la gente y al arte valiente, que me aburre.
Y las apacibles colinas, y el gin, parecen una pátina
y de alguna manera un perro
se ha llevado a sí mismo y a su cola considerablemente lejos
a las montañas o al mar o al cielo, dejándome
atrás: meneando la cola.

16

El pellejo de Henry fue puesto en varias paredes
donde se parecía harto a Henry
y su gente estaba encantada.
Especialmente su larga y brillante cola
por todos fue admirada, y las visitas.
Proclamaron: ¡Esto es!
Dorado, pese a que sus congelados daiquiris
zumbaban a medianoche, reverbera en ti su pelaje
y sedoso y negro.
Misión cumplida, compa.
Mi amarillo y derretido bolso sin luna,
escurrido, cuelga en reposo.
Recoge en las frías profundidades barracuda. Ay,
en la Estación Sealdah unos niños desposeídos
sobreviven para morir.
Las comunidades chinas tararean. Dos daiquiris
se fueron a una esquina de la pieza maravillosa
y uno le dijo al otro una mentira.

17

Murmuró Henry: –Señor del problema, así:
sobre un espíritu un poco más nervioso toca
mi locura ha cesado.
Todo el barrio se pasma ante un solitario ir y venir.
Ellos fijan sus relojes por la Casa de Henry,
el hombre más firme de la cuadra.
Y Lucifer: –Te huelo por mí mismo,
por petulante. –Lo que te he tirado pero lo menos
(aunque duro); cabe en tus orejas.
Tu servidor, aburrido con espanto, se sentó solo
con los dientes ocupados mientras su disgusto crecía
hacia sí mismo, llorando.
Y él: –Oh desesperanza prometedora,
a solas–  –Termina ahí.
Tus calles morían: déjame: me metí
bajo los brazos de roble del Hermano Martín,
San Simeón el Teólogo Menor,
Bodhidharma, y el Baal Shem Tov.

 

26

Las glorias del mundo me golpearon, me hicieron arias, una vez.
–¿Qué pasó después, Sr. Huesos?
si le importa decirnos.
–Henry. Henry se interesó en el cuerpo de las mujeres,
sus entrañas eran y fueron        el escenario de logros estupendos.
Estupor. De rodillas, querida. Reza.
Todas las tetas y suavidades de, Dios mío,
las zambullidas y el problema pululaban sobre Henry,
al mismo tiempo.
–¿Qué pasó entonces, Sr. Huesos?
pareces estar como excitado.
–Henry cayó de nuevo en el crimen original; el arte, la rima
además de una consideración por los otros, Dios mío, Dios mío,
y un resentimiento por el honor (vivo) de su país,
¿qué puede volverse más raro?
y el disgusto con el aumento de la pandillas y el orgullo.
–¿Qué pasó después, Sr. Huesos?
–Tuve la más maravillosa de las suertes. Me morí.

berrymans

63

Los murciélagos no tienen banqueros ni toman
y no pueden ser arrestados y no pagan impuestos
y, en general, los murciélagos la hicieron.
Por unirse a la raza humana, Henry es murciélagos
conocido por serlo, por muy pocos de los que piensan,
fuera de la cueva.
En vez de la cueva! ah adorable-relajada, oscura
tu humedad sus primos cuelgan por cientos o viran
con un radar personal,
sin crisis, niño. En vez de la cueva? Yo sirvo,
por dentro, mi plazo ciego. Asquerosas luces cuadrúpedas
se reflejan en la blancura en tus ojos.
Él entonces saluda por sesenta años de esto
justo ahora uno de valor y conciencias,
un hombre teatrero,
O estudiante y  Legionario que rápidamente pudiste
haber matado mientras te tiraban. Olé. Interrumpido por los años
tranquilo él da órdenes y aparece.    

72

Las presencias mayores
Shh! en un cordel amarrado a árboles desastrosos
Henry columpia a su hija. Parecen borrachos.
Sobre ellos miran atentas,
tranquilas, las altas estatuas de la sabiduría.
Sus pies pían, como los de una señorita sumida en el sueño.
De lo cual se trata esta escena–
él empuja con violencia, sus gemelos se relajan,
su boca se abre con esfuerzo, también la suya,
en el jardín de la Corte Suprema,
las justicias se inclinan, negro, afuera, los árboles se doblan,
las tentativas del hombre hace tanto tiempo, con chirridos
& saltos, pidiendo perdón–
Voy a negar a los dioses del jardín dice.
Quizá Henry vaya a romper su suerte de corcho quemado.
Además negaré
el bien nos mantuvo arriba de esa ancha orilla. La avaricia puede
como un detonante, pero con la alta orilla el nosotros está atrapado,
a quienes ellos ignoran. Por qué,–

73

Karesansui, Ryoan-ji
El taxi hace volar los vegetales.
“Dozo kudasai”, lo tengo en espera.
Pasado el radiante lago hacia el templo,
sin zapatos, y
mi pierna derecha me lleva a la izquierda.
De verdad sobrevivo junto al jardín yo
que vine siete mil millas de vuelta
provisto de máquinas todo para ver, para ver.
Difiere de sus fotografías, los planes mienten:
¡qué grande es!
austero un mar rectangular    de arena por la aceitada muralla de barro,
y la arena no es tan blanca: arena gruesa, gris,
–desde ningún lugar uno puede ver todas las piedras–
pero los helicópteros o     una reproducción de Brooklyn
lo arreglaría–
y las quince piedras inmutables en sus cinco mundos
con un estante de musgo movedizome
afirma el pensamiento del antiguo sacerdote hacedor.
En otro lado ocurre –Yo recuerda– la pérdida.
A través de pasmos & climas ninguno ha aumentado
ni una brisa de toda su piedra & arena pensó morir.

Texto y traducciones de Lucas Costa y Sebastián Gómez Matus


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