Silviano Santiago (Mina Gerais, 1936) crítico, narrador y poeta se presenta como uno de los pensadores más sutiles en la reflexión sobre los procedimientos de la literatura latinoamericana contemporánea y de cualquiera que se lea desde la lógica centro – periferia. Sus ensayos merodean la idea de plagio, duplicidad y diferencia; a través de las cuales intenta situar una crítica cuyo objetivo no sea simplemente establecer genealogías, similitudes o paternalismos con la literatura europea o cierto “canon”. Su interés radica en como algunos autores utilizan  formas, técnicas, argumentos o personajes provenientes de tradiciones hegemónicas, y a través de diferentes procesos construyen con ese material discursos subversivos. La misión de la crítica que propone Santiago es develar esos desajustes.

Aquí dejamos fragmentos de dos de sus ensayos más importantes traducidos al español por Raúl Rodriguez y Mary Luz Estupiñán, quienes editaron una antología de los principales ensayos de Silviano Santiago. Publicado el 2012 por la editorial Escaparate.

El Entrelugar del discurso latinoamericano (1971)

El jabulí que sólo poseía una piel blanca y suave se dejó

morder por la onza que

lo atacaba. Morder tan profundo que la onza se

quedó prendida al jabalí y acabo muriendo.

Con el cráneo de la onza el jabalí hizo su caparazón.

Antonio Callado, Quarup

(…)

Si los etnólogos son los verdaderos responsables de la desmitificación del discurso de la Historia. Si contribuyen de manera decisiva a la recuperación cultural de los pueblos colonizados, corriendo el velo del imperialismo cultural. ¿Cuál sería entonces el papel del intelectual hoy frente a las relaciones entre dos naciones que participan de una misma cultura. La occidental. Pero en la situación en que una ejerce el poder económico sobre la otra? Si los etnólogos habían resucitado por sus escritos la riqueza y la belleza del objeto artístico de la cultura desmantelada por el colonizador. ¿Cómo debe presentar el crítico hoy el complejo sistema de obras explicado hasta el presente por un método tradicional y reaccionario cuya única originalidad es el estudio de las fuentes y las influencias? ¿Cuál sería la actitud del artista de un país en evidente inferioridad económica en relación con la cultura occidental. con la cultura de la metrópoli, y finalmente con la cultura de su propio país?¿Podría admirarse la originalidad de una obra de arte si se instituyen como única medida las deudas contraídas por el artista con el modelo que tuvo necesidad de importar de la metrópoli? ¿O sería más interesante señalar los elemento de la obra que marcan su diferencia?

(…)

Sería necesario escribir algún día un estudio psicoanalítico sobre el placer que puede traslucirse en el rostro de ciertos profesores universitarios cuando descubren una influencia. Como si la verdad de un texto sólo pudiera ser señalada por la deuda y la imitación. Curiosa verdad esa que predica el amor de la genealogía. Curiosa profesión esa cuya mirada de cuece hacia el pasado en detrimento del presente, cuyo crédito se recoge del descubrimiento de una deuda contraída. De una idea robada- De una imagen o palabra pedidas a préstamo. La voz profética y caníbal de Paul Valery nos llama:

“Nada hay más original, nada mas intrínseco a si que alimentarse de los otros. Es necesario, sin embargo  digerirlos. El león está hecho de carnero asimilado.”

(…)

Si solo habla [el escritor latinoamericano] de su propia experiencia de vida, sus texto pasa inadvertido por sus contemporáneos. Es necesario que aprenda primero a hablar la lengua de la metrópoli para inmediatamente combatirla mejor.

(…)

La obra segunda [rescritura] en tanto supone en general una crítica a la obra anterior, se impone con la violencia desmitificadora de las láminas anatómicas que dejan al desnudo la arquitectura del cuerpo humano.

(…)

El escritor latinoamericano juega con los signos de otros escritor, de otra obra. Las palabras del otro tienen la particularidad de presentarse como objetos fascinantes para sus ojos, sus dedos: y la escritura del texto segundo es en parte la historial de una experiencia sensual con el signo extranjero.

(…)

entre el sacrificio y el juego, entre la prisión y la transgresión, entre la sumisión al código y la presión, entre la obediencia y la rebelión, entre asimilación y la expresión, allí, en ese lugar aparentemente vacío, su templo y su lugar de clandestinidad, allí se realiza el ritual antropófago de la literatura latinoamericana.

Eça, autor de Madame Bovary (1970)

(…)

La acomodación de la obra en la Historia y su naufragio en el catálogo solo pueden ser anulados por un crítico que la haga presente, contemporánea —es decir, que la transforme en prisionera del propio contexto histórico del crítico. Si la obra es la misma (sin considerar el siglo en que sea leída), es solo el nombre de su segundo autor (es decir, del crítico). El que le imprime un nuevo y original significado.

(…)

La originalidad del proyecto de Pierre Menard , su obra invisible, se origina entonces a partir del rechazo de nuestra concepción tradicional de lo que es la invención, lo que le permite negar la libertad del creador e instaurar la prisión como forma de conducta, la prisión como modelo, única justificación para el absurdo de su proyecto.

(..)

Tanto en Portugal como en Brasil durante el siglo XIX, la riqueza y el interés de la literatura no vienen tanto de la originalidad del modelo, del armazón abstracto o dramático de la novela o del poema, sino de la transgresión que se crea a partir de un nuevo uso del modelo, tomado en préstamo a la cultura dominante. Así, la obra de arte se organiza a partir de una meditación silenciosa y traicionera por parte del artista, que sorprende al original en sus limitaciones, lo desarticula y lo retraducía en relación a su visión secundaria y meditada de la temática presentada de primera mano en la metrópoli.


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