La obra de Daniel Borzutzky, dibuja conexiones hemisféricas entre EE.UU. y América Latina, específicamente tratando asuntos relacionados con la frontera, las políticas de inmigración, la desigualdad económica, la violencia política y la perturbadora retórica del capitalismo y las burocracias.

A través de ensayos, poemas y formas híbridas, Borutzky reflexiona sobre la política de la traducción, el transnacionalismo, el neoliberalismo y sobre su propia vida como Chileno-norteamericano que reside en Chicago. Desarrollando argumentos sobre la continuidad de la violencia económica y política que se traduce a través de las fronteras, invirtiendo la creencia estereotípica de que los Estados Unidos controla a América Latina. En su trabajo, la traducción actúa como un medio de demostrar que “el laboratorio neoliberal de políticas” de Chicago no podría existir sin la influencia de los experimentos anteriores que se llevaron a cabo en Chile y América Latina. Convertirse en humano, entonces en ese contexto, es navegar estos bordes, incluyendo los de las instituciones, las realidades del sobre y el sub-desarrollo, y las economías de la privatización, en las cuales los humanos resisten los abusos sistémicos y las sanciones de los estados. 

Borzutzky cuya escritura ha sido definida como “violenta, perversa y tierna”, en su intento por retratar el “horror norteamericano y global”, agrega otro capitulo a una recopilación creciente e importante de trabajos que cuestionan qué significa ser “estadounidense”, y al mismo tiempo, un sujeto globalizado cuyo cuerpo es compartido entre “la tierra, el estado y la banca”.


EN OTRAS PALABRAS

El niño al que supuestamente pateé  en la cara no tiene cara. Y si tuviera cara, por qué la pondría bajo mi pie, que no tengo. Y si tuviera pie, por qué patearía, cuando puedo bailar, zapatear o sacudirme.

Camino con muletas, una calceta cubre mi muñón para evitar que la sangre gotee, aunque a veces mi sangre gotea, y cuando gotea se coagula, y cuando se coagula me convierto en ladrillo, y me quedo entre otros ladrillos porque no tengo el lenguaje para desarmarme, y caer en la ciudad fortificada donde todos los poetas son gangsters, donde todos los banqueros son poetas, y donde la única diferencia entre un banquero y un gangster es su aproximación al ritmo y la sintaxis.

Hay un gallo que picotea en esta muralla. Piensa que es un perro. Aúlla; mea en esta muralla en donde yo soy sólo un ladrillo, esta muralla que me impide ver cómo las palabras que escribo evitan que me pudra, evitan que el polvo se mezcle, adecuadamente, con el polvo amarillo de la guerra.

Sin el arte de la exageración, la guerra sería aburrida. La veríamos desde nuestras casas, reparando en su alquimia de la misma forma en que uno advierte el chillido de un pájaro lejano antes del atardecer. Y el chillido de un pájaro lejano antes del atardecer no sería nada más que una ocasión para escribir un poema ocasional acerca de lo que escuchamos pero no vemos, acerca de lo que vemos pero no distinguimos, acerca de lo que distinguimos pero no conocemos.

Todo lo que termina en poesía, empieza en sangre e infamia.

(Traducción de Carolina Melys)

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El Lago Michigan se funde en la bahía de Valparaíso, Chile

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las razones por las cuales se nos extrae sangre en los campos de prisioneros de Lago

Michigan no se nos comunican

las razones por las cuales estamos prisioneros tampoco se nos comunican

se dice a menudo en las orillas del Lago Michigan, que es la bahía de Valparaíso,

que moriremos por razones que no entendemos

no entendemos por qué no entendemos por qué moriremos

no entendemos por qué no entendemos por qué estamos prisioneros

no entendemos por qué no entendemos por qué se nos paga o se nos pega

o se nos ama

no entendemos por qué anoche los cuerpos autoritarios cargaron cuatro

barcos con prisioneros y por qué esas naves están media milla mar adentro,

retumbando música bailable, cocinándose en el sol del verano

no entendemos por qué los cuerpos autoritarios no barren los cadáveres

de las mascotas muertas y no sacan a los animales de las playas en las que caminamos

y dormimos

no entendemos nuestra relación de un cuerpo a otro

a veces los cuerpos autoritarios nos dicen que nos toquemos los unos a los otros

a veces nos dicen que nos alimentemos los unos a los otros

a veces nos dicen que nos peguemos los unos a los otros

a veces nos dicen que nos paguemos los unos a los otros

a veces nos dicen que nos protejamos los unos a los otros

a veces nos dicen que nos besemos los unos a los otros

a veces nos dicen que nos perforemos los unos a los otros con fórceps, agujas y pinchos

de madera

a veces nos obligan a obligarnos los unos a los otros a beber leche púrpura sucia y a

comer pan y vegetales podridos

a veces nos dicen que nos metamos los unos a los otros jugosas naranjas en nuestras bocas

a veces nos dicen que nos pateemos los unos a los otros y que nos digamos cosas ofensivas

a veces nos dicen que mastiquemos y que traguemos todo

a veces nos dicen que maldigamos y que nos riamos y que siseemos

a veces nos dicen: haz cuenta que eres un inmigrante y sisea por nosotros

a veces nos dicen: haz cuenta que no eres un inmigrante y habla como si no fueras

comunista

o dicen: sus caras son órganos de comunicación emocional: sonríe o

frunce el ceño o llora

o dicen: haz cuenta que eres una máquina y que no tienes alma

o dicen: no eres nada más que un pedazo de dato a ser agregado, a ser

desagregado, a ser rebanado y trozado en diminutas unidades para que

podamos entender como el cuerpo y la ciudad y la nación zumban, se revuelcan

y hacen tic tac

o dicen: tú eres una máquina humana y debes explotar

hay buenas lucas, dicen, en repuesta emocional

y a veces nos pagan cuando reímos o gruñimos o lloramos

o dicen: ustedes tienen vergüenza en sus ojos, tienen amor en sus ojos,

tienen dolor en sus hoyuelos, tienen culpa en sus bocas, abyección en

sus labios, alegría en sus fosas nasales, ira en sus pómulos, amor en sus

ojeras, pasión en sus cejas, miedo en sus barbillas, disgusto en sus

frentes, desastre y promesa y desesperación en las arrugas de sus caras y

en el murmullo de las economías en el cadáver de sus lenguas podridas.

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La traducción y el continuo de la descomposición por vía de

la introducción a la idea de que la traducción es una cosa que decide

cuando debe ser hecha pero ya que nunca se hace estamos siempre

reposicionándonos como sujetos en los mundos que imaginamos y

los mundos que ocupamos y ya que no podemos notar realmente la diferencia

entre esos mundos nos metemos en la traducción como una fuerza primaria

que viene antes de todo lo demás lo que equivale a decir que porque no

podemos gritar traducimos

porque no sabemos cómo interpretar los gritos de los otros

traducimos

porque los cuerpos rotos y las naciones rotas y las instituciones

rotas que siempre están quebrándonos no pueden ser entendidas

traducimos

aullamos y chillamos y traducimos

(Traducción de Carlos Soto Román)


Hijo de padres chilenos, Daniel Borzutzky (Pittsburgh, Pensilvania, 1974) ha publicado libros de poesía y narrativa.  Su trabajo ha sido traducido al español, francés, búlgaro y turco, y reconocido por premios y becas como las del PEN American Center y recientemente del National Endowment for the Arts. Vive en Chicago donde enseña en el Wright College of the City Colleges of Chicago. Ha traducido al inglés a poetas chilenos como Galo Ghigliotto, Raúl Zurita y Jaime Huenún.

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