“Los que piden una música “comprometida” en formas conservadoras, folclóricas, deberían acordarse de lo que dijo el mayor de los poetas comprometidos de nuestro tiempo, Vladimir Mayakovski: “no puede haber arte revolucionario sin forma revolucionaria”.

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“Hay cronistas y compositores que piensan que el único deber del artista es adular el gusto del público. Son los defensores de la música bautizada como “gastronómica” por Umberto Eco: darle al público lo que él ya sabe y lo que espera inconscientemente ver repetido. Respetar el código para ser respetado. En verdad, esa es la mejor manera de engañar al público y de faltarle el respeto.”

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“Entre las características revolucionarias de la bossa nova, una de las más esenciales fue la de su estilo interpretativo, decididamente anti-operístico. Joao Gilberto y después de él tantos otros —en la línea, es verdad, de una tradición detectable en la vieja guardia: Noel Rosa, Mário Reis— adoptaron un tipo de interpretación discreta y directa, casi hablada, que se oponía completamente a los estertores sentimentales del bolero y a los campeonatos de agudos vocales —al bel canto, en suma— que desde hace mucho tiempo impregnan a la música popular occidental. Además de las razones de orden estético (el exhibicionismo operístico lleva a la creación de zonas no funcionales y decorativas en la estructura melódica, la propia evolución de los medios electroacústicos, que volvió innecesario el esfuerzo físico de la voz para la comunicación con el público, indujeron esta revolución de los patrones de conducta interpretativa. Y fue ella, al lado de las nuevas e inusuales líneas melódicas y armónicas de la bossa nova, la responsable por el malentendido de que cantantes superafinados como Joao Gilberto no tenían voz o era “desafinados”…

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Los nuevos medios masivos de comunicación, diarios y revistas, radio y televisión, tienen sus grandes matrices en las metrópolis, cuyas centrales irradian las informaciones para millares de personas de regiones cada vez más numerosas. La intercomunicabilidad universal es cada vez más intensa y más difícil de contener, de manera que es literalmente imposible que un ciudadano cualquiera pueda vivir su vida cotidiana sin toparse a cada paso con Vietnam, los Beatles, las huelgas, 007, la Luna, Mao o el Papa. Por eso mismo, es inútil preconizar una impermeabilidad nacionalista a los movimientos, modas y manías de masa que fluyen y refluyen de todas partes para todas partes. Marx y Engels ya lo preveían:

En lugar del antiguo aislamiento de regiones y naciones que se bastaban por sí mismas, se desarrolla un intercambio universal, una universal interdependencia de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material como a la producción intelectual. Las creaciones intelectuales de una nación se tornan propiedad común de todas. La estrechez o el exclusivismo nacional se vuelven cada vez más imposibles, de las innumerables literaturas nacionales y locales, nace una literatura universal.

La expansión de los movimientos internacionales se procesa usualmente desde los países más desarrollados hacia los menos desarrollados, lo que significa que estos, la mayoría de las veces, son receptores de una cultura de importación. Pero el proceso puede ser revertido, en la medida en que los países menos desarrollados consigan, antropofágicamente —como diría Oswald de Andrade— deglutir la superior tecnología de los sobredesarrollados y devolverles nuevos productos terminados, condimentados por su propia y diferente cultura. Fue eso lo que sucedió con el fútbol brasileño (antes del diluvio), con la poesía concreta y con la bossa nova que, a partir de la reducción drástica y la racionalización de técnicas extranjeras, desarrollaron nuevas tecnologías y crearon realizaciones autónomas, exportables y exportadas para todo el mundo.

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¿Desde cuándo el arte tiene documento de identidad? ¿Cuál es la nacionalidad de Stravinski: ruso, francés, estadounidense o simplemente humano?

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“…para que haya información estética, debe haber siempre alguna ruptura con el código apriorístico del oyente o, por lo menos, un alargamiento imprevisto del repertorio de ese código. Pero el hábito y la rutina deforman la sensibilidad convirtiendo, frecuentemente, al conjunto de conocimientos del receptor en un tabú, en leyes “sagradas e inmutables. De ahí la reacción que provocan las innovaciones principalmente en los oyentes más viejos, presos de una tabla rígida de convenciones, mientras que las generaciones más nuevas, obviamente menos deformadas por el código erigido en la tradición petrificada, encuentran menos dificultades para aceptar la ruptura con las fórmulas o el alargamiento del repertorio.”

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“La lección de Joao no es solo una batida particular de guitarra o un estilo peculiar que él ayudó a crear: la bossa nova. La lección de Joao —desafinando el coro de los contentos de su tiempo— es el desafío a los códigos de convenciones musicales y a la colocación de la música popular nacional no en términos de materia-bruta o materia-prima (“macumba para turistas”, en la expresión de Oswald de Andrade), sino como la manifestación antropofágica, deglutidora y creadora de inteligencia latinoamericana. Como dijo Caetano en su composición Saudosismo, que es una declaración de amor y humor a Joao Gilberto y una crítica a la bossa nova institucionalizada: “La realidad es que aprendemos con Joao a ser siempre desafinados.”

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“Oswald, básico para los concretos, pasó a serlo también para Caetano, que dijo en 1967: “Actualmente, yo compongo después de haber visto O rei da vela. El espectáculo es la cosa más importante que vi.” Y la antropofagia oswaldiana es la propia justificación de Tropicália. Como se sabe, Oswald contrapone a lo que denomina la cultura “mesiánica”, fundada en la autoridad paterna, en la propiedad privada y en el estado, a la cultura “antropofágica”, que se corresponde con la sociedad matriarcal y sin clases, que deberá resurgir con el progreso tecnológico, devolviéndole al hombre la libertad primitiva.”

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“El pez está especializado —dice Fuller—, por eso no puede salir del agua. El hombre es el único ser omnicomprensivo del universo.”

Estoy en contra de la especialización, de la compartimentación de la cultura. El especialista. En literatura. En música popular. En música erudita. En música pop. En folclore. La invención sí, sin jerarquías.

“Balance(o) de la bossa nova y otras bossas”, Editorial Vestales, el 2006.


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