Comenzar aquí bien puede desbocar al lector, o sobre todo si espera encontrar una simple explicación o alguna direcciónn segura. Durante años he leído la consumada poesía de Robin Blaser, pero no puedo afirmar su validez en el sentido de que haya respondido a las preguntas que la instigaban o de que haya llegado al fin de lo que pensaba decir. Lo que debe reconocerse es que estos poemas no suponen un “progreso” determinante, ni un contorno hábilmente acabado. Por encima de todo, debo enfatizar una idea de la que a menudo se hace eco aquí: que el “pliegue desplegado”que debe hallarse en este trabajo — la vuelta, la curva en el camino, el “giro” que preocupaba a Charles Olson — es el nexo entre su vida y la vida que ha hecho tan conmovedoramente elocuente. Nadie va a ninguna parte — como si el llegar “allí” fuera la única posibilidad.

Al leer estos poemas, uno se encuentra con una vida inexorablemente humana, lo inquebrantable de nuestra propia realidad . Sin embargo, la curiosamente mezquina propuesta de Descartes: “pienso, luego existo”, puede no obstante facultar a a la imaginación, y como William Carlos Williams le decía a cualquiera que estuviera dispuesto a escuchar: “solo la imaginación es real”. Todo lo demás vive del destino de su ser activo, de su realidad aparentemente irreflexiva. Pero nuestra vida humana rinde el doble: los actos y el pensamiento que coincide con ellos. ¿Cuál da mejor prueba del mundo que nos determina?

Conocí por primera vez a Robin Blaser como miembro de una banda casi mítica, una tríada compuesta por él y sus amigos, los poetas Robert Duncan y Jack Spicer. En un valioso ensayo —“ La práctica del afuera” [“The Practice of Outside”] —que se propone determinar cuál es el valor de la poesía de Spicer (the collected Books of Jack Spicer, ed Robin Blaser, 1975), Duncan habla con gran calidad y fuerza de esa poiesis que compartía con Spicer, y reconoce lo malevolente que se ha vuelto el “discurso” estable:

Allí donde la poiesis vuelve a abrir lo real y sigue sus contenidos, el discurso presuntuoso impone la forma y la cierra, dejándonos a merced de nuestro propio límite …Puede argumentarse que el empuje de la poética contemporánea hacia el lugar, el territorio y lo particular es una reelaboración del sitio donde estamos… Desde las hierofanías de Pound y el territorio de Williams hasta la cosmogonia de Olson y la narrativa de lo desconocido de Spicer, lo que está en juego es una reelaboración de lo real. Únicamente es necesario advertir qué tanto de todo eso es una experiencia común, incluso algo vuelto a ganar, más que una invención.

Los amigos de Blaser no eran solo miembro de la “ escuela de San Francisco”, sino también sobrevivientes de un Berkeley legendario, donde aprender por uno mismo y descubrir al maestro adecuado (Ernst Kantorovich es un ejemplo) tenía todavía un valor singular. Él era, como diría mi madre, el silencioso del grupo, ciertamente el más modesto y el que, puede adivinarse, mantuvo a salvo el puente entre Duncan y Spicer, si es que alguna vez fue precario. pienso en esos hermanos de las viejas historias, en la magia que los protegía, en los complejos juicios por los que tuvieron que pasar, especialmente los más jóvenes, los menos reconocidos, los más expuestos — Robin, pienso de nuevo para mis adentros. “Aprovecho la ocasión que me da el libro de Jack para hablar de la batalla a favor de lo real en poesía, en la que toda la poesía contemporánea norteamericana está comprometida. Comenzó con Pound y continúa. Para mí se mueve hacia el Oeste y se convierte en el encuentro clave de tres hombres: el de Jack Spicer, Robert Duncan y yo mismo en 1946”. No cabe duda de que lo construí todo a partir de mi propia historia, pero un poema suyo, incluso en The New American Poetry (1960), nuestro primer lugar de encuentro, le dio realidad a donde estábamos y debíamos estar.
GARZAS

Vi frío trueno sobre el pasto,
los negros, húmedos árboles de mi humanidad, mi piel.

Cuánto amor perdido colgando ahí
sin honestidad.
me agarro a esos hombres que escogieron
colgar al viento
sin honestidad.
Es que el cuerpo miente con su piel…

Arropado por mis palabras digo que la serpiente
muda su piel sin honestidad.

Y ellos
/ colgados ahí con cierta simetría /
murieron jóvenes
como garzas orgullosas en su paisaje.

Ahora los años se han deslizado cautelosos, y nadie
/ más joven sabe
que el brusco dardo del aliento es
nuestra porción de honestidad.

Una nota biográfica, irónicamente atractiva, acierta al comentar en la misma antología: “Nacido en 1925. Atado a universidad de 1943 a 1959. Ahora libre y deseoso de seguir así. Pero improbable . ¡el dinero!”
Habrían de seguirles sucesivos empleos de esta naturaleza, pero al mudarse de San Francisco a Vancouver, a fines de los sesenta, y con su presencia transformadora en la Universidad Simón Fraser (1968 – 1988), Robin Blaser se convirtió en una fuente de autoridad poética, más allá de un tiempo y un espacio reductores. No es que su trabajo sea trascendente o que rebase los obvios limites de la vida común. Muy por el contrario. En el limite todavía cambiante de ese Oeste que es su lugar de origen, toma posesión de su poder sin distracciones ni compromisos, y encuentra la comunidad que da sustancia a sus necesidades y a su reconocimiento. En este sentido, sólo Robert Duncan encuentra un lugar semejante, mientras sus pares, Spicer y Olson, demasiado a menudo son golpeados por un aislamiento creciente y un abierto rechazo. Por eso las últimas palabras que Jack Spicer le dijo a su viejo amigo resuenan aquí con un énfasis intenso: “Fue mi vocabulario el que me hizo esto. Tu amor te permitirá seguir.” Para explicarlas no basta una razón sencilla, como el catolicismo inicial de Blaser o el decidido calvinismo de Spicer. Lo que está entendido es lo que ha sido siempre: que nuestras palabras son literalmente nuestro mundo, que lo que ellas nos permiten, y hacia lo que nos llevan, es todo lo que tenemos

El genio de Jack Spicer radicaba en la claridad de su visión, a veces despiadada. Él se dio cuenta, por ejemplo, de que Blaser seguía sus emociones con un ritmo cambiante, que iba moldeándose por intuición. Juntos propusieron una “poesía serial”, mucho más cercana al hecho de lo que podría suceder ahora que cualquier otro supuesto método para obtener una continuidad generalizada. Por lo tanto, uno puede llegar a este lugar que impulsa los poderes de Blaser sin necesidad de una contención estática o de pensar en resumir, finalmente, su información. El punto queda bastante claro en los títulos de varios de sus libros, por ejemplo: Image-Nation [Imagen-Nación] (en las partes que lo constituyen), Streams [Corrientes], Syntax [Sintax], PELL MELL [EN DESORDEN]. Lo que ha escrito sobre su poética, resulta ser un consejo fundamental:

… Me parece que todo este asunto maravilloso de la forma abierta es un problema tradicional y norteamericano… Toda esta cuestión surgió en una geografía en la que las formas tradicionales ya no servían a nuestros propósitos. Me sentí muy conmovido cuando, hace algunos años, leyendo un libro erudito de Jo Miles en el que se discute el poema sublime, la autora comienza a hablar de la narrativa del espíritu. Pienso que la palabra clave aquí es narrativa: la historia personas, hechos, actividades, imágenes, que relatan el cuento del espíritu.”

Estoy interesado en una especie particular de narrativa —lo que Jack Spicer y yo estuvimos de acuerdo en llamar, en nuestro propio trabajo, el poema serial. Esto es, una narrativa que se niega a adoptar una línea anecdótica impuesta, y que se completa solo en la secuencia de los poemas, y esto solo en caso de que el lector insista en una definición conclusiva, separada de la actividad de los poemas mismos. Los poemas tienden a actuar como una secuencia de energías que se agotan cuando se dice demasiado del cuento. Me gusta describir esto, en palabras de Ovidio, como un carmen perpetuum, un canto continuo en el que el material temático fragmentado está sólo en apariencia desconectado. Las palabras de Ovidio son:

contar cuerpos
transformados
en formas nuevas
vosotros dioses, cuyo poder
forjó todas las transformaciones,
ayuden a la inspiración del poeta,
guíen mi canto perpetuo
desde el comienzo hasta el mundo presente*

(“El Fuego”, 1968)

Escoger ese poema, significa estar en algún lugar de esta poesía que se acumula y transforma —no simplemente ser llevado a una conclusión, sino ser conducido por un mágico carmen perpetuum hacia todas las imágenes-nacionales de este mundo sorprendente y vivificante. Qué maravilla que ni el concepto ni ningún otro modelo forzoso puedan constreñirnos, si podemos “venir al mundo” (como lo expresó Charles Olson) reconociendo que “hacemos lo que sabemos antes de saber lo que hacemos”. La autoridad de todo acto tiene aquí sus raíces.

Lo que llega a aparecer, entonces, en el “canto” complejamente estratificado de estos poemas es una presencia cada vez más familiar, una persona bastante fiel a cualquier vida. No hay evidencia de una persona didáctica, pero sí de un relato muy particularizado que nos ha sido contado una y otra vez. El tiempo dobla y despliega (“depli”) continuamente todo lo que se dice, y la persona que cada uno cree conocer, debe, a cada momento, ser reconocida de nuevo:

el niño, el niño del pez gordo, el niño del inválido, el niño del trabajador, el niño del tonto, el niño de los ferrocarriles, el niño de los árboles, el niño que es divinizado, el niño de los fuegos de artificio, el niño incoloro, el niño de damasco, el niño de Mage, el niño nacido al menos con veintidós dobleces su única preocupación es desenredarse, es curioso, niño o niña su vida está, entonces, completa bajo esa forma muerte no hay doblez por deshacer para él o para ella

en la tierra de la magia…

Reunir ahora este “canto” extenso y polifacético, recordar todo lo que estos poemas constituyen como presencia, es así vez una evidencia viva y duradera de lo humano en tanto humano, en sí mismo. Así como un árbol podría crecer en intención amorosa, o algo de frágil, posibilidad encontrara su permanencia en un tiempo inesperado, así la vida de este poeta se manifiesta como un complejo de percepciones, reflexiones, ironías, humor, cosas aprendidas, cosas olvidadas —la persona se convierte en la sustancia de su propio potencial. Robin Blaser pone en claro cuáles son los héroes del orden que él ha definido, ubicados especialmente en la sección “Grandes Compañeros”, pero que por todas partes resuenan en citas y alusiones, sean Robert Graves o Pendaro, o Robert Duncan, o el modelo de medida del concepto de justicia de Blaser, Hannah Arendt. O su creencia en premisas jerárquicas del orden humano, como La muerte de Virgilio de Hermann Broch. Todos estos son dinteles, dice Blaser, vigas que apoyan el hueco de una puerta y la hacen posible. Es por estas provistos de ellos que entramos a El bosque sagrado (para nosotros, para nuestro descanso).

Uno pronto se daba cuenta de que Robin Blaser era un poeta inmensamente culto, pero jamás confinado a los libros ni dedicado a discutir lo que sabía. Se le veía cambiar de circunstancia: del severamente arriesgado, aunque decidido, poeta de “Garzas”, a la confianza y los abiertos reconocimientos y ajustes de un trabajo muy posterior, como el prodigioso “Imagen-Nación 24 (Ah, bah,”) O incluso estos versos sorprendentes.

¿Cómo puede un cuerpo estar hecho de la palabra? —el lenguaje,

/ una cencerrada
de transparencia, una sierra, inmensidad de vidrio

[Imagen-Nación 25 (“Exodia”)]

Al leerlos, un poeta más joven escribió una frase admirativa en esta copia del manuscrito de Robin: Increíble, esto me hace desear ser vertido a través del trabajo de Blaser como agua clara a través de una jarra de vidrio… A través de un vidrio, oscuramente —o claramente, como sea el caso. Robin Blaser se ha convertido en una piedra de toque para todos sus amigos, en un lazo de la mente y el corazón. ¿Qué otra cosa quiere uno siempre que sea la poesía sino una sonda que se extienda por toda nuestra diversidad, y que conduzca lo que sea que hayamos conocido, que sintamos o hayas sentido, a una presencia y comprensión comunes? Es un arte tan simple, y sin embargo tan sutil, este decir cosas en el tiempo. Así que hay tiempo, es tiempo, de leer.

Walboro, Maine. 11 de agosto de 1993.

*Lo creativo y otros ensayos,  Universidad Iberoamericana: México, 1998.


Relacionados