Es un autor duro,  pero no de roer. Sino de Vida. Trabajó en todo: cuidador de plaza, vendedor de pompas fúnebres, contrabandista de cadáveres, regente de hotel parejero. Murió ahorcado

Por otro lado ¿A quién no le gustaría que el país que somos tuviera su buen escritor, DE ESA OTRA PARTE desconocida, distante, horrible, que constituye la mitad de los habitantes nacionales?

La vida consciente de pobreza y Locura, los mundos peligrosos. Porque la literatura chilena es más de las mentes de otros sectores, intelectuales, cultos. Y está bien. Ellos no hablan como pobres, ni son supersticiosos, ni comen sánguches de potito ni sopaipillas en la calle, no andan por la Pincoya chupando, ni aspiran neoprén, no los echan del trabajo cada semana, etc. Esas entrepieles No las Toma Nadie. Por eso interesa Alfonso Alcalde, como de Rokha y Parra

Después del Maldito Golpe Militar, Alcalde se va de Chile.

En antiguas entrevistas señala: “parte de mi trabajo es sobre el Circo, pero no ocurre dentro del circo. No están los payasos haciendo su número, ni la mujer de goma el suyo. Mi obra empieza cuando el Circo termina. Porque el circo entonces es una simbología de la vida, no hay acrobacias ni chistes de payaso: el Chiste lo hacen con La VIDA. Nosotros nos instalamos en un sector popular: los marginados, cesantes. Digo ” Nosotros” porque hay un grupo: José Miguel Varas, Franklin Quevedo. En el exilio nos dimos cuenta que la nuestra era una literatura marginal dentro de Chile, en un marco distinto al que se mueven Jorge Edwards, José Donoso.

Cuando volví del exilio me fui a Tomé, me encerré en una caleta de pescadores, Los Morros de Coliumo, y grabé 80 horas con historias de allí. A mí los chilenos me dan tanto cariño, es un pueblo tan hermoso y contradictorio.

Siempre sufrí la exclusión del Poder, por ejemplo en un momento se llamaron a cerca de diez becas, Yo saqué el número 11.

Hay que recordar ese concurso donde se dejó afuera de toda opción a Hijo de Ladrón y La Sangre y la Esperanza. Habían fallos siniestros “ahí tienes a Carlos Droguett que es un hombre excepcional distinto, diferente… y sin embargo es ignorado.

Pese a todos los golpes y contrastes soy un hombre optimista, dice. Pero a los meses se cuelga de un árbol, se ahorca.

A nosotros nos queda leerlo, y luchar por la literatura de ese tipo, popular, dura, pero de esa parte de Chile: EL PUEBLO y seguir dándole.

 

José Ángel Cuevas

Alejandro Reyes, Héctor Herrera Sanhueza -el pajarero de Neruda- y Alfonso Alcalde en el bar El Roly.


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