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Anoche soñé con Valparaíso, estaba lleno de calles iluminadas y ventanas  junto al Roland Bar, marineros y barcos ingleses anclados en el puerto, venían bajando por cientos.

Y desde las ventanas  mujeres desnudas o semidesnudas  saludaban a los marinos que pasaban / había una agitación enorme, se gritaban cosas en inglés o francés  y todos golpeaban la mesa, el mar tronando entre ocho grandes buques en el puerto y desde abajo se veían los cerros iluminados, carros que subían y bajaban llenos, Ramaditas, La Cruz, Monterrey /Cerro Alegre/ Concepción, Cordillera, Esperanza, etc.

Allí donde después nació el FPMR. Era una vida intensa la noche porteña, y a la vuelta de la plaza Echaurren, ventanales iluminados por el SIETE ESPEJOS, una casa de putas, la más famosa del puerto aquel entonces… etc, etc. Uno se siente bien en Valparaíso y recuerda a Joris Ivens, gente subiendo a pie por las escalas de los años 60. El Jako/ AmericanBar,  que ya no existen. ¿Dónde? Si hasta las mujeres de la vida hablaban inglés/ francés  y hasta algo de alemán, para relacionarse con los miles de marineros extranjeros que andaban por todos lados.

Las calles hoy están llenas de vendedores de ropa, cigarros, elementos de cocina, zapatillas. Echaron a los obreros portuarios y allí se las baten.

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Después se me ocurrió la idea de vagar una noche entera, de un cerro a otro, en plena dictadura.

Desde un cerro a otro con dos botellas de pisco bajo el brazo,  pasaba mansiones y pasajes, frente a un largo cielo iluminado y titilando la belleza total: perderse entre los recovecos, ventanales arriba y abajo del individuo con su botella, vagando a las 3 de la mañana. Los ascensores están detenidos, ¡oh, Valparaíso!

Es una enorme magia en medio de la noche, y el mar que suena y resuena, los barcos y buques de guerra o transatlánticos están allí en la ventana frente a la inmensidad, y uno puede pasar la noche entera mirando la distancia iluminada de los lejanos cerros y buques, y no volver nunca más a su ciudad, a la mierda de Santiago del Nuevo Extremo, jamás de los jamases, porque…

(continuará)


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