Jorge Pimentel (Lima, 11 de diciembre de 1944) es un poeta peruano, fundador y uno de los más claros exponentes del movimiento Hora Zero, hermano del infrarrealismo mexicano, y que marcó un antes y un después en la historia de la poesía peruana y latinoamericana. Su obra hace de la vanguardia un ejercicio comunicativo, de reconocimiento del otro, integral en su ejecución y fiel a la búsqueda de nuevos lenguajes.

Presentamos a continuación fragmentos de diversas entrevistas.


 

Cambia toda la poesía, es decir, la manera de ver el poema, la manera de sentirlo y de cuestionar permanentemente. Unos estarán de acuerdo y otros no, pero el cambio es lo democrático. Y se cambió para bien, porque Hora Zero lo que hace es liberar a la poesía, hacerla libre; ahora todo el mundo escribe como le da la gana, hay más poetas mujeres, ya no hay jefes ni patrones ni ídolos ni nada. Entonces hicimos que los que transcurran por las avenidas de la poesía sean más libres para poder juzgar o hablar. Antes de Hora Zero te ponían cabezas, topes, techos; y lo que hicimos nosotros fue volar todos esos techos para que la poesía sea más democrática e integradora. Si te das cuenta, a partir de Hora Zero se descentraliza toda la poesía. Ya los poetas, por ejemplo, de Huancayo, Trujillo, Chiclayo o Chimbote podían escribir desde su tierra, poner los personajes de la selva, de la costa, etcétera. Nosotros poetizábamos al otro, al que encontrábamos en la calle, a los personajes de los pueblos, de las regiones, de todo el Perú. Entonces cada poeta a partir del manifiesto de Hora Zero se dio cuenta que la poesía no estaba en Lima, sino en donde ellos estaban, en donde sea. Desde ahí, al leer el manifiesto vieron que ellos sí valían, se rompió el tabú, se rompieron los maestros y todo. Entonces, carajo, yo puedo hacer poesía desde mi tierra, con mis personajes, mis circunstancias y eso es universal.

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En la Universidad Federico Villarreal, donde yo estudié, había un grupo de poetas que leía a Neruda, pero yo no me sentía identificado con esa poesía. Gracias a un amigo descubrí la poesía de Enrique Lihn y empecé a juntarme más con la gente que gustaba de la poesía de Lihn y no con la gente que leía a Neruda. Tomé partido. Así, para no cruzarme con el grupo de adoradores de Neruda me pasé al turno de la tarde, donde conocí a Juan Ramírez Ruiz, a Jorge Nájar, a Julio Polar, a Mario Luna, a Manuel Morales, con los que formé Hora Zero. Mario Luna venía de Chimbote, Nájar había llegado de la selva, Julio Polar del Callao, Manuel Morales venía de un barrio de forajidos de Miraflores. A medida que nos conocíamos nos dábamos cuenta de que nuestras conversaciones, nuestras experiencias no estaban en la poesía peruana. Nadie escribía poesía que hablara de las calles que veíamos, de los pueblos jóvenes, de los desplazados. Por eso Juan Ramírez Ruiz y yo hicimos el manifiesto. Lo publicamos en la primera revista de Hora Zero que distribuimos por nuestra propia cuenta en librerías y kioscos.

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Hora Zero dejó una lanza donde empieza un antes y un después de HZ, es así como se divide la literatura peruana. En esa época no teníamos libros porque nos dedicábamos a hacer pleitos y publicar manifiestos. Era la época de “mi reino por un manifiesto”, y la prensa peruana tomaba nota de ellos, incluso, HZ ponía la agenda cultural y política del día a día, manifiestos que publicábamos en stenciles y repartíamos por todo Lima caminando. Lo nuestro fue una revolución porque por primera vez la poesía se abre a las provincias, éramos batallones de poetas que veníamos de la provincia a los distritos más marginales de Lima. Nuestra poesía se adaptaba y la sabía entender la gente. No era una poesía abstracta, sino una poesía comunicativa sin ser panfletaria, era una poesía integral. Nosotros desenterramos un poco el cultismo, nos metimos a mirar la calle, nuestros poemas miraban al Otro, sabían mirar la calle. Mientras nosotros hacíamos recitales populares, los de la generación del `50 y `60 realizaban recitales de cámara. ¿Dónde estaba la poesía peruana en ese tiempo? Rodolfo Hinostroza sentencia que en el río Támesis y el desnudo griego. Pero los de HZ preferimos el río Rimac y el cholo calato, nosotros éramos los cholos de todas las regiones del país.

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Nosotros militábamos en la poesía, y por ello, comenzamos a criticar la poesía social-realista porque no decía más que ¡viva la huelga!, ¡viva el obrero! Hay que desarrollar el poema, una poesía de denuncia armada que no solamente grite vivas. Por ello, HZ es un movimiento de poetas socialistas, somos más socialistas y radicales a través de nuestros poemas. Hemos estado en 1800 recitales por todo el Perú, ayudando a toda la izquierda, pero sin militar en los partidos. Luego, se corta la revolución de Velasco (1975) y viene la noche de los cuchillos largos de la burguesía. La segunda etapa de HZ es la más sangrienta que ha habido. La burguesía y los partidos políticos de la derecha peruana nos hicieron la vida imposible, durante años no nos invitaron a ningún recital, durante años nos marginaron. Como no nos invitaban a ningún lado, inventamos los “recitales mayores” en canchones y playas de estacionamientos del centro de Lima donde hasta el amanecer celebrábamos con poesía, cervezas, salsa y música andina.

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Creo que en todos mis libros hay muchos motivos pero un solo personaje, que es el poeta que recibe a la poesía para poder sobrevivir, para salvar su amor, para salvar su vida. La poesía es una lucha contra el vacío, un acto de resistencia, una gran batalla que se libra cuerpo a cuerpo, por eso sientes esa angustia, esa ansiedad, ese dramatismo, ese cansancio, esa rabia

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Estás hablando con un horazeriano. No soy como esa gente mediocre que se ampara en la universidad para existir (…) no me interesa estar en antologías porque mi poesía se defiende sola.

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¿Cómo puede ser que tanta gente haya creído que había que cambiar la poesía peruana y latinoamericana? ¿Por qué creyeron en eso y lo siguieron? Hay gente que ya no está, muchos poetas han muerto, Manuel Morales, Mario Luna, Juan Ramírez, Isaac Rupay, Roberto Bolaño, Mario Santiago, entre otros. Esto era lo deslumbrante y maravilloso, porque esa gente nos creyó y siguió durante años, no había ni un premio de por medio; y nos siguieron cuando lo único que había era un ceviche de jurel, un rin, un pasaje de ida y vuelta, una chata de ron y verdadera poesía.

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En un poema tú tienes que fundamentar. Por eso es mejor escribir un poema sobre el primer día de mayo en junio del próximo año; es decir, no ser coyunturales. La poesía es muy coyuntural. Preferible es escribir un poema y guardarlo un año. Con el tiempo te vas a dar cuenta si funciona o no. Pero, ¿qué funciona en un poema? El lenguaje. La actitud puede funcionar, así como en el poema de Romualdo. Sin embargo, lo más importante es el lenguaje. Y eso tiene mucho que ver con la duración de la poesía. Hay libros que sólo duran meses y luego desaparecen, se llenan de telarañas; eso ocurre por el lenguaje. Pero, bueno, te decía que no estuvimos nunca en la poesía “social” ni en la poesía “pura”. ¿Por qué? Porque creamos el poema integral. Esta vía permitió que todos los poetas pudieran potencializar más el poema, con voces y puntos de vistas. Mira, todo esto no es para vanagloriarnos ni mucho menos. Nosotros no nos creemos la última chupada del mango. Lo que intento decir es que hemos hecho un trabajo de cuarenta años, que se entienda eso.

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Si he dado tantos recitales, notarás que es porque a la gente le gusta oír, lo disfruta. Por ejemplo, fui una vez a la Feria del Libro para presentar Tromba de Agosto, y estaba repleto. Al leer, notaba cómo a la gente le impactaban mis palabras. Es el choque que produce en los oyentes o el lector. Por ejemplo, en  “muerte ignorada” el poema termina diciendo “Carajo, estoy con la muerte, ¡contesten!”. Eso involucra a todos los oyentes. Exige que te solidarices. Esto es más efectivo y transformador que el poema social realista que dice “viva la revolución”. En cambio, yo estoy seguro que el poema integral por lo menos te hace pensar, te mueve. Por eso, como HZ, hemos dado más de mil recitales. En todas las provincias, en todas partes, parados en toldos, en puertos, en mercados. ¿Por qué? porque nuestra poesía está pensada en el otro, en solidarizar al lector con el otro. Esa era la transformación.

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Creo que el ejercicio de escribir poesía es un proceso complejo y hasta misterioso para el mismo poeta. De hecho, este es el milagro de la poesía: mientras más información se recoge sobre el tono poético, más se aleja uno del poema final. Es que a la poesía le repele la información y el sentido común; por lo tanto, si bien es cierto que uno se tiene que informar en un primer momento, luego es mejor alejarse un buen tiempo de toda la información, los datos y los archivos, porque la poesía, en ese momento, te rechaza. Por eso creo que la poesía tiene caminos misteriosos que el poeta tiene que amar, respetar; sobre todo, es necesario saber esperar, ser fiel y tener fe a la posibilidad de ese nuevo lenguaje que nos está esperando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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