Guy Debord. Cineasta. Escritor. Revolucionario. Conocido como uno de los ideólogos del Mayo 68 francés, su figura y su pensamiento siguen presentes hoy en la emergencia de nuevas formas de comprender y practicar las relaciones entre el arte y la política. O mejor, de hacer de ambas una sola cosa.

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Nacido en París el 28 de diciembre de 1931, la trayectoria pública de Guy Debord se inicia con su frecuentación, siendo todavía un veinteañero, de ciertas tabernas más bien patibularias del Barrio Latino. Allí, hacia finales de 1952, un grupo de jóvenes rebeldes y desarrapados, autodenominados Internacional Letrista, se reúne a beber con entusiasmo y a discutir los lineamientos de un nuevo arte.  Debord había entrado en contacto con ellos durante el Festival de Cine de Cannes realizado el año anterior. Allí se proyectó Traité de Bave et d’Éternité del rumano Isidore Isou, líder del Letrismo, una película sin imágenes cuya banda sonora consistía tan sólo en onomatopeyas y monólogos.

Desde mediados de los años cuarenta, Isou había empezado a circular en el ámbito cultural parisino proponiendo una renovación total del arte cuyos antecedentes se encuentran en las vanguardias de inicios de siglo, principalmente en el dadaísmo. La organización de pequeños escándalos e irrupciones en los eventos del stablishment artístico e intelectual parisino eran parte de sus prácticas habituales. Convertido ya en un miembro del letrismo, Debord estrena su primera película: Hurlements en faveur de Sade. Su carácter extremadamente experimental, que incluye 24 minutos seguidos de silencio y oscuridad hacia el final del filme, provocan la indignación de la audiencia que interrumpe su proyección.

Algunas de las ideas y el espíritu combativo que luego caracterizarían a Debord vienen desde esta época. La declaración de defunción del arte tradicional y la necesidad de superarlo. La comprensión de la propia forma de vivir como un arte.  La prioridad del procedimiento frente a la obra.  Sin embargo, pronto Debord y sus amigos entran en conflicto con Isou acusándolo de un enfoque restringido a lo puramente estético. La intención de vincular su acción con una crítica social de inspiración marxista lleva al quiebre definitivo. En noviembre de 1952 es fundada la Internacional Letrista.

Conformada por una docena de jóvenes, entre ellos algunos extranjeros y norteafricanos, la Internacional Letrista evoluciona hacia una vanguardia planteada más allá de lo puramente artístico. El rechazo al trabajo y la búsqueda de la pasión y la aventura, en el contexto de una sociedad francesa anquilosada y retrógrada, son parte de un discurso que será promovido a través de la revista Potlatch. Un discurso que se plantea no sólo a nivel del pensamiento, sino como la práctica de una ruptura radical con todo lo establecido, en todas las dimensiones de la vida. Como la necesidad de unir arte y vida, de realizar el proyecto de la vanguardia. De construir no una nueva escuela literaria o artística, sino una nueva manera de vivir. La exigencia de un apego irrestricto a estos principios, bajo la atenta vigilancia de Debord, hará de la Internacional Letrista una organización minoritaria cuya convivencia interna estará marcada por continuas escisiones y expulsiones.  Un rasgo que se mantendrá en la futura organización situacionista.

El contacto con pintores y arquitectos como el danés Asger Jorn y el holandés Constant, quienes animaban fuera de Francia grupos de ideas afines, amplía el círculo de relaciones letristas. En septiembre de 1956, un primer encuentro tiene lugar en la localidad piamontesa de Alba, con la presencia de artistas de ocho países. En julio de 1957, ocho personas deciden en Cosio d’Arroscia, en la costa de Liguria, la fundación de la Internacional Situacionista (IS).

A esas alturas, ya estaban maduros algunos de los planteamientos fundamentales del proyecto situacionista. El arte no como producción de obras maestras sino como construcción de situaciones vividas. El urbanismo unitario y la deriva como procedimiento de exploración en el espacio de la ciudad. La vida cotidiana como teatro de operaciones. La tentativa por integrar el programa de la vanguardia artística con las experiencias más libertarias del movimiento histórico de los trabajadores.

Los primeros años de la IS giran en torno a Debord y Jorn. Debord publica un par de libros-collage y filma un mediometraje sobre los años del letrismo en base a fragmentos de otras películas. Aparece el primer número de la revista Internationale Situationiste donde define a la misma como un intento de organización de revolucionarios profesionales en la cultura. Paralelamente, se inicia una nueva saga de conflictos y expulsiones a propósito del signo político cada  vez más fuerte que Debord pugna por imprimirle a la IS. Nuestra época no debe ya escribir consignas políticas sino ejecutarlas, escribirá en esa época.

El grupo realiza conferencias anuales para coordinar sus actividades, a menudo subterráneas, que poco a poco se extienden a pequeños núcleos fuera de Francia. Crece y más bien decrece al calor de las disputas internas, hasta llegar a consolidarse en 1962 con una membresía mínima. Durante los cuatro o cinco años siguientes se oye poco sobre la IS. Debord se retira de la escena. Se dedica a la escritura de un libro teórico que presente de manera sistemática las principales tesis del movimiento.

A fines de 1967 se publica La sociedad del Espectáculo.  Pocos meses antes de la aparición de los jóvenes furiosos (enragés) en la universidad de Nanterre. Del desencadenamiento de lo que ahora conocemos como Mayo 68.

La discusión sobre esa experiencia y sus alcances sigue vigente hasta el día de hoy. Hay consenso, sin embargo, en considerarla uno de los momentos claves en la historia del siglo XX, así como respecto a la influencia fundamental de Debord y los situacionistas en ella.

Luego de la autodisolución de la IS en 1972, a pesar del reconocimiento y la masiva recepción de su pensamiento en todo el mundo, o justamente por eso, Debord rehuirá cualquier lugar de autoridad o dirigencia. Se retirará nuevamente de escena: Encontraría igual de vulgar convertirme en una autoridad en la contestación de la sociedad que en esta sociedad misma. Aquejado de una grave enfermedad degenerativa ocasionada por su alcoholismo, el 30 de noviembre de 1994, se suicida en su casa de Champot con un disparo de fusil al corazón.

El aventurero es aquel que hace suceder las aventuras, más que aquel a quien las aventuras suceden, escribió Debord en los años juveniles del letrismo y la revista Potlatch. Un buen epitafio para quien soñó poner la revolución al servicio de la poesía. Juntar a Marx y a Rimbaud. Cambiar la vida. Vivir la revolución como una aventura.

 

Jaime Pinos

 


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