Pedro Cardyn es uno de los mejores testigos de la historia política de Neltume. Además de ser un dirigente mirista durante las grandes tomas de predios en el marco de la reforma agraria y las huelgas campesinas, vuelve en 1981 a la montaña a integrarse como médico en el Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro. Partícipe de los dos grandes momentos revolucionarios de la zona. Actualmente, se ha enfocado en trabajar la memoria de esa experiencia a través de la escritura con dos publicaciones, Sangre de Baguales (Lom, 2017)  y Pisadas de Río Monte. Aquí compartimos algunos fragmentos de esas publicaciones.

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Esta historia la escribí en Valdivia durante el año 1996, cuando reapareció en mi vida un compañero que yo quería mucho y que creía bien muerto. El llegó un día a mi trabajo y de ahí nos fuimos a mi casa. donde terminamos conversando durante casi un mes, en la casa de la Población Yáñez Zavala. Estas fueron nuestras conversaciones.

 (…)

No te estoy diciendo, porfiao de miércales; putas que sos incrédulo. Además, ¿pa que voy a cachiporrearme?… Aunque… Aunque…Aunque si, una vez. Ahora que me acuerdo, una vez sentí miedo. Una sola vez.

—¿y como fue eso?

— !Cuando sentí el vacío, pus huevón!—

— ¿como el vacío? ¿que hueá estay hablando, Lucho?

— ¡cuando me tiraron del helicóptero, pues huevón!

— ¿que estay hablando? y pensé: ¿este es el Lucho o estaré hablando con un fantasma? Me dieron ganas de darle un pellizcón en el brazo, para saber si era de carne y hueso.

—Eso: cuando me tiraron del helicóptero abajo. Porque, al final en una de tantas dieron conmigo. Y me dieron y me dieron, palos y patada para todos los gustos, como quisieron. Yo, ni miedo. No me sacaban palabra. Por vos, putas que preguntaban. No tengo cuenta de las chuletas que me daban. De tanto pegarme se aburrieron: “putas el indio duro este, vamos a gastar las culatas en este piojento y nada. Llévenselo, que ya me aburrió, no quiero ver más su cara de menso. Si es como pegarle a una perro que se echa. Más le pegas, más se echa. Llévenselo para la cancha y “al trote”. Pero ya pus, Pedro, dame otro mate, no te quedís paveando. Mira que estas historias me secan el garguero.

— es que te escucho, y me estoy imaginando todo.

— Bueno, la cosa es que me llevan, medio aturdido debe haber sido porque despierto con una zumbadora de motor: cuett- cuett. cuett. Putas que zumban fuerte los mata piojos esos. Siento que se eleva ese helicóptero y yo amarrado con alambres adentro de un saco. Pero ni miedo, Te prometo. Solo pensando. ¿qué se les ocurrirá hacer conmigo ahora? Y yo, tan tranquilo. Como mirando la película. Hasta que después de un rato, escucho esa puerta de corredera y el viento helado remolineando en ese aparato. De un repente, ¡suas!, el empujón, y siento el vacío debajo de mi, como queriendo tragarme. El ruido del motor, que se va achicando, achicando, rapidito, y ese vacío inmenso que me va tragando. Y ahí sí, compadre, ahí si que me cago de un susto. Ahí se me llega a apretar la guata de puro acordarme. Caigo, caigo, caigo, ¿adonde llegaré? No acordarme ni de un Padre Nuestro. Yo que me críe medio huacho, a pulso, aporreado, descreído, sin nadie que me encajara alguna oracioncita, alguna religión… ¿será San Pedro o sea el mismo diablo que me reciba y que me abra la puerta? Cada huevá que se le ocurre a uno cuando se va muriendo.

Y sigo cayendo cayendo, no sé cuanto rato, minutos, horas, no sé. Oscuridad. Una oscuridad como noche de invierno en el monte. Abro un ojo, silencio aplastante. Abro el otro, ¿donde estoy? ¿en el infierno? No. No siento calor de llamas. ¿El cielo? Tampoco: en el cielo no duelen los huesos, los machucones. No es el cielo, me duele todo. ¿Estaré quebrado? Logro soltarme una mano… Me desamarro la otra. Las muñecas dormidas por el alambre apretado. Un pie. El otro. Empiezo a tantearme los huesos, brazos, piernas, las costillas. Machucado, pero ni un hueso roto. Empiezo a comer el saco… No entiendo nada. Pero voy cachando que no estoy muerto. Termino de romper el saco.

La luz. Algo de Luz. Ramas, hojas, árboles. Estoy en el monte, una quebrada, caí en las quillas, un colchón de quillas. Las quitas me salvaron. Pego un salto y caigo al suelo: Un puro grito me sale de la garganta: “¡Viva Chile! ¡Lucho Ancapi está vivo!”

 

TUVISTE SUERTE CAMILO

Camilo,
dicen los diarios que caíste
en el sector del puente quebrado
o por lago Neltume alto
habrás caído acribillado, Camilo
pero digo que tuviste suerte.

De ti, Victor
Victor el “Grande”
amigo Próspero Guzmán
Victor de la armónica
Victor de los corridos y rancheras
de ti escuché que fuiste
el último encargado
de cuidar a Jorge,
Jorge,
el querido herido
del Destacamento
y no tengo ninguna duda, “Grande”
que tuviste el placer de la calera
la justa rabia de vaciar
tu cargador
antes que toquen a Jorge
antes de caer ambos asesinados.
Sé que no podías dejar
que tocaran los pies gangrenados
de nuestro valiente
pequeño gigante.
¡So perros!
Si ya no te siquiera
al alcance
la última satisfacción de defender caramente su vida
no lo han dicho, Victor
pero yo sé que caíste destrozado
sobre el cuerpo de Jorge
y no lo dejaste cumplir sus macabros instintos
estás muerto, Victor
pero digo que tuviste suerte
tu nombre está sin mancha.

¿Sabes? Pedro
Pedro, amigo Calfuquir
yo lo sé
yo sé que partiste sin comida
para tu última misión.
Yo sé que partiste como siempre lo hacías
con tu eterna modestia
un poco porfiada e irónica
(yo solía indignarme
con tus ironías)
siempre partías después
de escuchar una última canción
de Los Beatles, de los Bee Gees
de John Lennon
el “compañero Lennon”
de Alice Cooper
(Pedro era hijo de mapuches
pero esa era su música favorita, ¿y qué?
Esa vez partiste
con solo tu sencillez en la mochila
Y también fuiste asesinado.
Aún no sabemos como
pero yo te digo
amigo de los pies más robustos
que tuviste suerte,
porque nadie tocará tu nombre.

Ni a ti te respetaron,
flaco amigo gran Jorge nuestro
de los pies muertos
“Flaco – Jorge”
Yo puedo asegurar que escucho
tú ultima frase:
“Víctor, ándate
mis pies ya no sirven
pero si mis manos
pásame un arma
que yo cubriré tu retirada”
Pero yo te digo, Jorge querido
(porque ¡Quien puede saber
cuando quiere un guerrillero
a su compañero guerrillero!
eso yo gritaría contra el viento)
Yo te digo, Jorge
que tuviste suerte
Pues nadie ensuciará tu memoria.

Yo me pregunto,
Pablo amigo
Raúl Obregón Torres
topógrafo de mapas de victoria
¿qué prolija topografía
estarás confeccionando
del país de los heroes muertos?
Los asesinos terminaron con la lesión de tus rodillas
infaltable compañera de tus marchas
Por fin:
con la muerte ya no duele
tu menisco enfermo
pero insisto
tuviste suerte Pablo
nadie dudará de tu nombre.

Camarada Paine
ya no veré nunca más
el granito de tus pies
tus pies piramidales
anclados en la nieve terrible.
Ya no escucharé
tu gran simple sueño
“vamos a cambiar el mundo, León”
(¿serán tus sueños
los que nos perdieron una vez, Paine?)
La ráfaga del paco en Choshuenco
en Choshuenco al oscurecer
y caíste de bruces
DE BRUCES
y la inmensa cordillera de nuestros Andes
se hizo chica
para ese sueño secular acribillado
( pobre triste paco
de nuestras aldeas
instrumento del oscuro
y despiadado capital:
¡Pasar a la historia
como asesino del Paine!)
caíste de bruces,
pero tienes suerte, Paine
porque tu ejemplo no se pierde
porque sabré cumplir
la última misión
que me diste cuando partimos
hacia el llano.

 ¿Qué siniestros pretextos portaminas
fueron cuchicheamos
en télex y pasillos
para decidir tu muerte
Gabriel – Pequeco
pequeña araña
trepadora infalibre
de las marchas más nocturnas?
¿qué malditas agallas, qué mordidas entrañas
pueden existir
para matar en diciembre sin piedad
a un Pequeco desarmado y solo
escondido desde julio
en casa del tío maderero?
yo sé lo que habrán sido, Gabriel
esas incontables noches
de sobresaltos.
Una sola micro
un disfraz
o una marcha nocturna
hacia Lonchoche
habrían bastado
para devolverte la libertad
y el camino de la lucha.
Mas, digo que tuviste suerte
Pequeco
nadie dudará de tu nombre.
Estabas tan cansado, Rigo
cuando cayó tu cuerpo
en ese monte o en ese pozo de lastre
para la última siesta
una siesta inevitable.
Un fatal clic te habrá despertado
cuando las esposas
aprisionaron tus muñecas.
Después habrá venido el siniestro torbellino:
La interminables sala de torturas
y la muerte.
Y tú cadáver en un saco plástico
tu madre no lo pudo reconocer
¡díganme que madre
no conoce el cuerpo de su hijo!
¿qué chacales te han invadido
patria mía, chacales capaces de
destrozar un hombre
hasta hacerlo irreconocible
para su propia madre?
Existen dudas de si hablaste
Rigo,
pero tuviste algo de suerte
porque no eras el jefe de la misión.
Tengo odio, Rigo
Tengo Odio.

¡Pero ay de ayes!
¿que decir de ti, Oscar, si todo indica que hablaste.
Todos lo dicen.
Todos.
Eras, cuando te conocí
no mucho más que un adolescente
un poco curioso
un poco inquieto
hasta que las cárceles gorilas
te maduraron a golpes.
Y te hiciste hombre tras los barrotes.
Habías adquirido
una mirada dura y justa
en esos bosques de Quelhuenco.
Yo la admiraba
y la temía un poco,
¡ como no iba a temblar
el capital asesino
antes ese acero!
Tu que decías que  nadie
se entregaba vivo. Nadie.
Pero se dice que no disparaste
antes la detención.
Recuerdo que dudábamos un día
del éxito de una misión,
y tu nos criticaste decadente:
“ los compañeros deben confiar
en que el jefe de la misión
la sacará adelante”
y ¡Vaya si confiaba en ti!

No puedes haber hablado.
Yo no lo acepto.
Pero ¡Ay de ti si lo has hecho!

Por que sabías
que era dueño de ocho vidas
las de los primeros combatientes
del ejército del pueblo.
tu silencio o tu propia muerte
eran el precio de esas vida
el precio de una lucha en ciernes
de un mundo por parir

Sin embargo, Oscar
todos y todo indica
que hablaste.
Dicen incluso
que en el punto de la emboscada fatal
se escucharon quejidos
se vieron raros de tus boras de goma.

Yo conocía a tu madre
su cocina a leña
sus silenciosas canas
conocía a tu hermano fusilado
conocía a tus hermanos vivos

Yo sabía de tu padre zapatero
Don Jesús mandaba a echarle del fundo.
Yo sabía de su chacrita sembreda
que don Jesús Ibáñez
mandaba a destrozaar.

Yo sabía de las tablas
que un obrero adolescente
metías ladeadas en la máquina
pasaban volando
por las orejas de los jefes.

yo sé muy bien que en las marchas
más duras
tus ibas casi siempre de vanguardia
abriendo quillas y colihues
recibiendo litros de nieve
recibiendo kilos de lluvia
(en Neltume la nieve es agua
y la lluvia es hielo)
También eras tú
el que se echaba en los hombros
la sobrecarga
que algún camarada agotado
ya no podía acarrear.

Cuando quisimos elegir
un delegado político
que nos representara en el mando
fuiste tu el elegido
en nuestro grupo.

Recuerdo que ni durante
los peores días
te olvidabas de la risa

“Cabros, pasemos a tirar
unos piedras sobre el zinc
de la Cancha -hilton
donde están acantonados
los milicos”
¡que lindos fuegos artificiales
tirarían después de eso!

“o mejor los desafiamos a una pelea
con bolas de nieve”

“tengo tanto frío
que si tuviera aquí
a la Sofía Loren
lo único que haría
sería poner la cabeza, la naricita
y los dedos entre sus pechitos
para quitarme el frío”

imitabas a Antonio Aguilar
cantando: “Llegó Rafael a su casaaaa
a las tes de la mañanaaaa”

y no puedo olvidar que cuando la nieve
y los helicópteros de julio
sembraban
largos silencios de derrota
en nuestra carpa
gastada y fugitiva
eras tú el que entonaba
la milonga de Yupanqui
“yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar
y una hermana muy hermosa
que se llama libertad”

Nos hablabas de la vida
la libertad y el socialismo

“Saben, cabros
estamos a 26 de Julio
los viejos en Cuba
andarán hoy con sus mejores camisas
deben estarse reuniendo
en la plaza para escuchar a Fidel”.

Recuerdo bien que levantabas la moral de Rigo
cuando caían en el mutismo
le hablabas de la vecina
de vuestra casita allá en la Holando
(a mi, Hugo me pedía que le hablara
del mar, del desierto,
de la vida de los chilotes)
Recuerdo que supiste
exigir a Jorge el herido
“tienes que aguantar el dolor.
Nuestro trabajo es
trasladar la columna
a un campamento seguro
tu trabajo es aguantarte
para que podamos hacelo
yo soy el responsable
de ese traslado, y sé
que tu puedes aguantar
(era un dolor inaguantable
en los pies ulcerados e infectados)

Oscar no se ahogaba
en los problemas
Oscar veía lejos.

Cuando fracasamos en cruzar
el río Cua- Cuá
tu dijiste:
“no podemos volver al campamento
con las manos vacías
los compañeros confían
en que traeremos remedios
y alimentos.
Así que tendremos que irnos
aunque sea por el camino
hasta que lleguemos al llano”.

Sin embargo, Oscar
todos y todo indican que tú hablaste.

¡Que puedo hacer yo
que te conocí
sino decir que NO!
que no lo creo

Porque
si tu hablaste
¿que queda para los demás
para los que seguimos?

Las cosas no son tan simples.
No basta con decir
“Oscar habló”
Hay que ser responsables
y al menos preguntarse
porque un hombre como Oscar
puede llegar a hablar.
Si algún día
me hacen escuchar
las palabras de tu delación
entonces diré que sí
que tienes responsabilidad (una cuota)
en la segunda detección del Destacamento Guerrillero
Toqui Lautaro
en las destrucción de las primeras escuadras
del Ejército
del Pueblo Chileno
Pero solo entonces.

Tengo derecho a creer
en mis compañeros ¿No?

Pero ni aún así
podré condenarte

Ni aún pensando
que yo también podría haber muerto
por tu delación.

Solo diré esto
¡Qué horribles suplicios
desgarran las noches
de mi país
para que consigan
hacer hablar hombres como tú!

que horrible habrá sido
lo que hicieron con Rigo y contigo

Te aseguro, Oscar, que no descansaré
que no dejaré descansar ningún chileno
de corazón limpio
hasta terminar con la ponzoña
capaz de tan macabras acciones.
Hasta destruirle la raíz.
LA MISMA RAÍZ

Tengo odio , Oscar
tengo odio.

No descansaré tampoco
hasta lograr que todos
los nuevos combatientes
partamos con las venas
preñadas de fuego y acero
para que nadie hable
para que nada los doblegue.

Por eso, Oscar
no ha sido en bano
no has muerto en vano:

“YO ESTOY AQUÍ
YO SÉ TODO
Y NO DESCANSARÉ”

Tú también tienes derecho
a tener suerte,
a que tu nombre tenga
un lugar en nuestra historia.

 

02/12/1981

 


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