A Neltume es fácil llegar, una forma es la que utilicé yo, por ejemplo, desde Valdivia una micro a Panguipulli  y desde allí otra micro a Neltume que va rodeando el cerro hasta llegar al pueblo que se encuentra al costado de una carretera que llega hasta Puerto Fuy y es interrumpida ahí por el lago Pirihueico que solo es posible atravesar en una barcaza. Paralelo a la carretera corre el río Fuy que con sus aguas claras y puras separa a la ciudad de un bosque nativo que de a poco se comienza a enmontañar y que se puede recorrer después de cruzar con un par de brazadas su tranquilo caudal en el que en la noche árboles y estrellas se reflejan como si habitaran el mismo territorio.

Quise ir a Neltume como muchos por su historia política. En los preparativos me acompañó el libro del comité de memoria Neltume que cuenta a través de la interacción de los testimonios como fue el intentó de guerrilla que realizó el MIR en el 81 como una de las aristas de su operación retorno y que fracasó rotundamente con 11 de sus 15 miembros asesinados. Sabemos que así es la historia de la resistencia chilena, pero también sabemos que la suma de esos fracasos llevó a una cierta victoria, ambigua y parcial pero victoria al final que se puede volver completa si insistimos en la memoria.

El segundo libro que leí esta vez in situ fue uno que hasta ahora solo se puede encontrar en Valdivia, Lo llamaban Comandante Pepe de Ruben González Lefno, (gracias R.A). Cuenta la historia de un personaje icónico para la historia de Neltume. Gregorio Liendo, nacido en Magallanes, quien estudiando en Valdivia comienza a militar en el MIR y junto a esas células y los pobladores logra en Neltume mantener ocupaciones de fundos incluso antes que saliera elegido Allende. Cuando la UP llega al gobierno se reconocen las tomas que iban de Neltume a Futrono y abastecían el complejo maderero Panguipulli que se transforma en la primera empresa co administrada por trabajadores y el Estado. Esta maravillosa experiencia humana de colaboración y empoderamiento es interrumpida con el golpe de estado. El Comandante Pepe es fusilado junto a sus dirigentes más cercanos, algunos escapan a la montaña y salen por Argentina a combatir en el ERP, otros son exiliados a Panguipulli, otros mueren de hambre en la montaña por no poder bajar nunca más al llano. Toda esta diáspora de los participantes en la reforma agraria están narrados en el libro Sangre de Baguales, publicado el año pasado por LOM y escrito por Pedro Cardyn uno de los dirigentes miristas en la zona de esos tiempos de la UP y uno de los sobrevivientes del intento de guerrilla diez años después.

Para alguien que está interesado en la historia política Neltume exhibe en su superficie sus heridas y recuerdos. Incluso antes de llegar al pueblo, por el lado de Choshuenco se puede leer una placa de madera que recuerda la muerte de Pedro, el subjefe de la guerrilla de Neltume en el 81. Lo mismo se puede ver en Puerto Fuy, una placa con la mención a la muerte de Pequeco, uno de los que más duró escapando de los militares por la montaña, nacido y criado en Neltume, luego exiliado y retornado a participar en la guerrilla, lo sapeó la misma gente que lo vio crecer.

Levantamos la carpa en un camping al ladito del río Fuy, nos tiramos un piquero nos secamos y fuimos a recorrer Neltume de noche. Los signos claves se encontraban en el rango de una cuadra. Vimos el museo de la memoria a oscuras, nos llamó la atención que estuviera justo al lado de la municipalidad, a nuestra espalda el Complejo Maderero Panguipulli y en la esquina un retén de carabineros. Como decía, las cuatro piezas conjugadas por la historia que componen los relieves de este pueblo.

Al despertar, luego de una dosis de pan amasado volvimos a visitar los mismos lugares, hacía frío y llovía levemente. Queda muy claro que Neltume está atravesado y es sinecdoque de la historia chilena. Se reducen las comunidades mapuches a comienzos del S.XX, se impone la madera con un sistema de explotación similar al de las salitreras, es decir, puperias, casas compartidas, frente a esto lentamente se comienzan a organizar los sindicatos de trabajadores y en torno al Mir ya en los sesenta se toman los predios y el Complejo Maderero Panguipulli se transforma en la primera experiencia mancomunada entre obreros y Estado. Luego viene el golpe y los que no logran escapar son fusilados y toda la maderera pasa a manos de Ponce Lerou quien los hace quebrar, se roba todo y vende a privados a precio de huevo.

La practicante estudiante de antropología que hace los recorridos en el museo nos cuenta que hace una semana vino una vieja facha e hizo una performance reaccionara, tratándolos de politizados y ordinarios. A los largo de las dos páginas del libros de reclamos escribió: ¡Viva Chile libre de marxistas! Una cuadra más allá parado adelante de una montaña de aserrín le metemos conversa al guardia de la maderera que nos ilustra de los tipos de árboles que hay en el sector, nos indica a los lejos entre los bosques de las montañas un árbol en flor ese es un Ulmo me dice. No le gusta Santiago Aquí salgo de mi caseta y veo la belleza de la naturaleza, de la creación de dios. Le brillan los ojos pero ese brillo se apaga cuando nos cuenta que hace veinte años trabajaban seiscientas personas ahí y hoy hay solo diez. Hay que ir a buscar la madera muy lejos, los camiones ya no hacen más de una vuelta al día, antes hacían cuatro. Para la guerrilla, la revolución latinoamericana, el discurso siempre pasó por la tierra, por eso no es raro el papel de la reforma agraria y que muchos ex miembros de esos grupos hoy tengan un discurso ecologista o indigenista. Pienso eso mientras paso por fuera de Huilo- Huilo, un parque natural turístico cuyos dominios comprenden el lugar donde fue la guerrilla de Neltume y venden un recorrido llamado “la senda del guerrero”. Esta reserva pertenece a Peterman un sujeto neoliberal nos dice con razón la estudiante de antropología pero riéndose con sarcasmo por su categorización académica en un contexto coloquial.


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