Uno de los miembros más notorios mediáticamente del movimiento Yippie, además de Abbie Hoffman, fue Jerry Rubin, cuyo libro Do it! Scenarios of the Revolution constituyó un importante mapeado de los momentos fundamentales de la práctica revolucionaria de los yippies, hasta el punto de que Eldridge Cleaver, Ministro de Informaciones de las Panteras Negras, decidió escribir la introducción.

Fue un libro muy leído por Nicanor Parra, quizás por las posibilidades que ofrece en torno a la irreverencia calculada, expansiva. Como es usual, la prosa yippie destaca por la fragmentación, por la esquirla de furor y diversión que busca hacer de las acciones subversivas una posibilidad tan cotidiana como las bromas.

Jerry Rubin terminaría convirtiéndose en un inversionista de Apple y en un férreo defensor del emprendimiento neoliberal.

Presentamos a continuación la traducción de algunos fragmentos.

 

El centro de la bestia

 El Che se levantó frente a nosotros en el auditorio del Ministerio de Trabajo. Era más bajo de lo que esperábamos, alrededor de 1,70 mts. Vestía un uniforme militar verde oliva con un revolver en su cadera. Nos acogió con su intensidad y alegría.

Éramos 84 estudiantes Amerikanos visitando Cuba ilegalmente en 1964. Tuvimos que viajar 14,000 millas, por Checoslovaquia, para llegar a Cuba, 90 millas bajo la costa de Florida.

Mientras el Che nos parloteaba por horas, nosotros fantaseábamos alzar los fusiles. Dejarnos crecer la barba. Ir a los cerros como las guerrillas. Unirnos al Che para hacer la revolución a lo largo de América Latina. Ninguno de nosotros deseaba volver a la política de mierda de Estados Unidos.

Entonces el Che nos sacó de nuestros sueños respecto a la Sierra Madre. Nos dijo:

Ustedes los norteamerikanos tienen mucha suerte. Viven en el centro de la bestia.

Están luchando la más importante de las luchas, en el centro de la batalla.

De cumplirse mis deseos, volvería con ustedes a Norte Amérika para combatir allí.

Los envidio.

 

24: La revolución es Teatro Callejero

 

Tú eres el escenario.

Tú eres el actor.

Todo es en serio.

No hay audiencia.

 

El objetivo es encender a todo aquel que quiera ser encendido y apagar       a todo el resto.

El teatro no tiene reglas, formas, estructuras, formatos, tradiciones—es puro, energía natural, impulso, anarquía.

El trabajo de la revolución es aplastar escenografías, iniciar incendios en los cines y entonces gritar, “¡Fuego!”

Los actuales genios del teatro están creando el drama de Vietnam en la toma de edificios administrativos a lo largo de Amérika.

The Living Theater, una fantástica compañía de teatro de guerrilla, vino a Berkeley mientras la gente combatía en las calles a la Guardia Nacional. Como pacifistas se oponían a la acción callejera.

The Living Theater  eliminó el escenario y sumó a la audiencia. Teatro revolucionario.

“No estoy autorizado a fumar marihuana”, suspiró un miembro del Living Theatre. Le ofrecieron cinco pitos.

Otro lloró, “¡no me puedo sacar la ropa!” A su alrededor la gente danzaba desnuda.

Al final de la performance, todos salieron a tomar la revolución en las calles. El elenco se detuvo frente al umbral de la puerta.

La Revolución en el Auditorio es una contradicción. Nos enojamos cuando nuestra energía revolucionaria se desgasta en una obra definida por paredes y salidas de emergencia, por horas de abertura y cierre, por precios de entradas.

El único rol del teatro es sacar a la gente del auditorio y hacia las calles. El rol de la compañía revolucionaria de teatro es hacer la revolución.

 

*

El poder estructural automáticamente impone un marco de referencia que fuerza a la gente a ver las cosas desde el punto de vista del Hombre. Cuando un policía le dispara a un negro, eso es “ley y orden.” Pero cuando un negro se defiende  a sí mismo de un cerdo, eso es “violencia.”

El rol del revolucionario es crear un teatro que cree un marco de referencia revolucionario. El poder para definir es el poder para controlar.

Miles de libros, artículos o discursos sobre la autodefensa de los oprimidos no hubiesen definido una situación de manera tan clara y dramática como la acción sucedida en Oakland, California, una mañana de octubre de 1967. Una balacera entre dos policías y dos Panteras Negras. Un policía murió tirado en la calle. Huey P. Newton fue arrestado, inculpado de asesinato.

El Hombre intentó ejecutar a Huey. Pero millones de personas —gente negra, gente blanca, liberales, radicales, revolucionarios, dueñas de casa, doctores, estudiantes, profesores—se identificaron con Huey. Afirmaban que la gente negra debería armarse contra la violencia de los cerdos.

La acción de Huey redefinió la situación para todos nosotros y puso a la policía a la defensiva.

El uniforme de las Panteras —boina, chaqueta de cuero negro, arma—ayudó a crear la leyenda de la Pantera. Tres Panteras en las calles son un ejército de cientos.

Los estúpidos de la Legislatura Estatal de California se reunieron en Sacramento para aprobar una multa por control de armas con la intención de desarmar a las víctimas de los cerdos—al pueblo negro. Por ello los Panteras Negras se dirigieron a Sacramento para visitar personalmente a su congresista. Y llevaron sus armas. Las llevaron consigo hasta el parlamento.

¡La idea de negros armados y desquiciados invadiendo la cámara legislativa de Sacramento! ¡La pesadilla de todo congresista opulento! ¡Fantástico teatro de guerrilla!

El miedo y la paranoia son los lujos de los izquierdistas suburbanos, intelectuales en sillas de ruedas, estudiantes graduados, los no implicados.

Mientras más lejos estés del movimiento, más asustado estarás. Los Panteras Negras no están asustados. Los yippies no están asustados. Los Viet Kong no están asustados.

Pero en tu living estás cagado de susto. Y es justo ahí que la estructura de poder te quiere.

En el medio de una revuelta, no he encontrado a nadie que sea un cagón. La forma de eliminar el miedo es hacer aquello a lo que más le temes.

El objetivo del teatro es conseguir que tanta gente como sea posible supere el miedo a través de la acción.

Creamos realidad a donde sea que vamos al vivir nuestras fantasías.

 

 


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