Heriberto Yépez (Tijuana, 1974) es un crítico, ensayista y poeta mexicano. Su obra trabaja, en gran medida, sobre la realidad de la apropiación: toda lucha contra la mezcla, la falla y el lipsynching, parece decirnos Yépez, es una lucha contra lo que supone la escritura, y una alianza con el neoliberalismo imperante, siempre ausente de contradicciones y pleno en marcas del año. “Estar pensando en las novedades hace que perdamos de vista la poesía, 99% de la cual pertenece a los muertos”, dice Yépez.

Presentamos a continuación una breve selección de fragmentos de Yépez que refieren a la frontera y a la subversión posible desde la contradicción.

“Una frontera es una falla. Una frontera no es exactamente un límite. Creo que lo primero que requeriríamos aceptar es que la noción de límite probablemente se trata de una pseudo-idea. (Una pseudo-idea de un orden semejante a aquel que Bergson asignaba “caos” y “nada”). Comprender el carácter errático de la idea de límite permite acercarse a un entendimiento más preciso de la noción de frontera —a la que, por otra parte, prefiero sustituir con la noción de falla.”

*

El carácter pseudo-ideal de “frontera” o “límite” nos recuerda que debemos abandonar proyectos como los de “ciencia” o la “filosofía” —históricamente erigidos en torno al concepto de verdad— para acogernos a prácticas más acordes a la “esencial heterogeneidad del ser” (Machado) tales como “errática”, una idea que adapto del poeta y teórico brasileño Oswald de Andrade (o inclusive “patafísica” de Jarry). Para mí no hay otro camino que abandonar la filosofía, abandonar la teoría crítica —cargada de residuos de cientificidad positivista—, e inmigrar a lo que denomino errática.”

*

La errática, entre otras funciones, se desempeña como una forma de corrosión de los saberes sistematizados, de los órdenes autoritarios del poder-saber.

*

La falla es la zona de fricción entre dos o más sistemas. O entre los segmentos mismos del sistema. Lo que otros denominan “frontera”, yo lo denomino falla. Así, resalto las leyes de resistencia y fricción creadora que dirigen la dinámica; me alejo de las metáforas modernas y posmodernas, ya sea de hibridación, fusión o síntesis; subrayando, en cambio, que terminologías como fricción o fisión son más apropiadas para describir la realidad de las fallas.”

*

“Mediante el concepto de hibridación se reconcilian los contrarios. Se pone fin a la contradicción, uniéndolos en un tercero que los abarca, suprime y eleva. “Hibridación” es un concepto de pacificación de las tensiones.

Los que se han denominado fenómenos de frontera, sin embargo, están regidos por la desigualdad, no por la síntesis. Están regidos por la asimetría. (Esto lo dejan claro, por ejemplo, fronteras geopolíticas como la de México y Estados Unidos). El concepto de hibridación desdibuja tensiones; neutraliza. Comporta una despolitización, consciente o inconsciente, de la contradicción.”

*

“Hablar de la frontera es hacerse un mistagogo de esquina. La frontera es esto y esto y esto; la frontera”

*

“Gran parte del encanto de Tijuana es su lenguaje. Ese lenguaje de hibridismo, remix y remate de todos los signos, esa impureza donde lo otro es asimilado en su cliché más barato. Su constante sabotaje de todo significado. Su perversión lingüística”

*

“Chicken try it. And if you want I can harakiri price. Usando su “mala pronunciación” como coartada humorística, exagerando su mala pronunciación, el vendedor tijuanense deja abierta la duda de si fue nada más la relativa homofonía entre “she can” y “chicken” lo que suscitó su juego de palabras y si el harakiri es su cliché predilecto sobre la cultura asiática.Y, sin embargo, el vendedor es gracioso. Al escucharlo, yo y las turistas reímos. Había sorteado un terreno lingüístico peligroso sin manchar su plumaje (de plástico). Pero a la vez había dejado claro que el dominio del idioma, incluso del inglés, lo tenía él, precisamente debido a que lo usaba desde la absoluta ironía”

*

“La avenida Revolución es un monumento contra el consumismo norteamericano, con su afán de falsas mercancías requeridas y souvenirs insignificantes. La regla de la avenida Revolución es el regateo. Todo ahí tiene un valor falso, un precio exagerado que hay que tratar de rebajar con el comerciante. El valor real de una bolsa de piel es la mitad del precio inicialmente ofrecido. Aquí ya se deja ver la regla de toda la avenida: nada tiene el valor que dice tener. Todo tiene un significado y valor inferior al anunciado. Nada es lo que parece. Nada vale mucho”

*

“Todos los signos de dominación son irónicamente invertidos en Tijuana. Comenzando por los patrones de belleza norteamericanos —desde las camisetas en venta hasta el vocablo mismo biútiful lanzan la fealdad y la mofa mexicana contra tales paradigmas anglos— y terminando con el signo mismo del dólar, vuelto dala, hay una comedia de poder operando”

 

 

 


Relacionados