Resistir a las condiciones del territorio, es decir a su geografía y a todos los dispositivos que lo configuran, cuando este es presa de las aberrantes lógicas extractivistas del mercado y la consecuente devastación del lugar y su tejido social, ya es una tarea ardua. Sin embargo la economía aun  permite sobrevivir en estas condiciones, a fin de cuentas, la economía es el “medio ambiente” en que todos vivimos, nuestro condenado nicho ecológico.

Pero que la poesía sobreviva en ese contexto, da cuenta de  un gesto vital, suerte de sacrificio sin posibilidad de mesianismo, allí  donde lo único sagrado parece ser el dinero. Sabemos ese no es un medio ambiente propicio para la poesía, básicamente porque la economía no es el nicho de supervivencia para la literatura. Cuando se manifiesta conciencia de esto, entonces desde la misma escritura emerge un microclima donde diversos agentes hacen simbiosis para sobrevivir Y producir una secreta homeostasis que aun hace posible ciertas formas de vida entre dichos paralelos.

Es un hecho contraintuitivo hablar de una escritura consciente que tenga por consecuencia un hecho secreto, digo la homeostasis,  -¿qué más contraintuitivo que sobrevivir en la poesía bajo las condiciones descritas?-  Sin embargo, es en la tensión de la paradoja descrita, que se genera el equilibrio y la simbiosis, las condiciones de-cierta poesía que tiene en común la conciencia de las lecturas personales y las apreciaciones e inquietudes estéticas individuales de cada uno de los escritores aquí presentados, a la vez que  guarda en secreto un dialogo que configura otro texto sustentado en personajes y citas completamente ajenas a la realidad concreta en que esta poesía reside. De este extraño fenómeno que sin dudas se replica con sus propias características en el resto del territorio nacional, dan cuenta los escritores copiapinos que presentamos a continuación.


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