Víctor Munita Fritis (1980, Copiapó)

DIOS ATÓMICO

1.- La FE que me queda está en un atado de acelga en el fondo del congelador.

2.- Sin embargo, en  un átomo, está Dios.

3.- La FE es el cuarto elemento más abundante en la corteza terrestre (5%).

4.- EL HIERRO mueve montañas.

5.- La FE  es maleable.

6.- La FE es tenaz.

7- La FE  es de color gres plateado.

8.- La FE es magnética.

9.- La FE es un  imán en el refrigerador.

10.- La FE es un mensaje en un imán.

11.- La FE es un trozo de refrigerador.

12.- Una acelga es un atado de FE.

13.- La FE es un atado.

 

EL POEMA DE LA IGNORANCIA

 

Siempre quise escribir un poema

que llevara por título Roberts Desnós

o que su nombre apareciera en una línea,

como aparecen las calles en los letreros de esquinas

cuando uno anda perdido en medio de la metrópoli.

 

Porque así imagino el nombre de esta persona

escrito en una placa negra con letras blancas en intersección

con un célebre humano desprovisto de verdad histórica.

 

Nunca supe quién era Robert Desnos.

Incluso escribí su nombre al inicio con una S de más

y a su apellido lo violenté  en reiteradas ocasiones

tildando la O sin asco y con S al final, intentando escribir

unos cuantos versos antes del poema, este.

 

Su nombre y apellido suma seis letras. Es perfecto

para establecer poemas métricos de fácil uso

ya que inicia y termina con una consonante limpia y sonora.

 

La S en DES hace que su sonido tenga la imposibilidad

de creer que tras este apellido exista un humano que

cruelmente baila al sonido de la lengua enroscada tras los dientes

Y NOS ilustra que una teoría europea no tiene sujeto.

 

A Robert Desnos lo imagino como un galán  del cine norteamericano,

como esos jóvenes actores europeos que triunfan

en las faldas de Hollywood a eso de los cincuenta del siglo XX.

 

Siempre lo vi con un sombrero estilo Fedora y traje color gris perfecto

Ideal para ser odiado por narradores que no ven en él  un buen

personaje para la trama y el desenlace  de la novela corta de estos tiempos.

 

Robert Desnos suena bien en el poema.

Es más, creo que todo poema debería llevar

el nombre Desnos en la parte inicial de los textos

y Robert en la medianía y final, incluso como verbo

descollando, inhabilitando el proceso del editor,

rematando, hasta morir en el suelo, saltando, rompiéndose.

 

Todo poema debería llevar versos incesantes diciendo

Robert Desnos, Robert Desnos a gemidos, a gritos, a vítores, a susurros.

Robert Desnos, Robert Desnos rimados asonantes y no,

para no dormir de pie como un pobre cuerpo en medio de lo salvaje.

 

 

 

 

 

 

EN EL VERSO FINAL QUIEN ESCRIBE LLAMA A LA POLICÍA

 

 

“Tú te preguntas cuánto podrá durar esto.

Tu nombre, tu nombre de pila,

ambas sílabas,

y tu corazón se detiene.”

 

Raymond Carver

 

 

La vecina grita el nombre del vecino,

mi corazón se detiene de miedo.

 

Después de un segundo, continúo escribiendo.

Ella vuelve a gritar.

 

Me pregunto cuánto tiempo

podrá durar esto.

 

El nombre de pila del vecino es

gritado con vehemencia por la garganta

de la vecina con todas sus sílabas y tildes.

 

El vecino dice “aaagg” fuerte, muy fuerte

y mi corazón parece que se detiene.

Pero es sólo una idea mía. Es el miedo.

 

Me pregunto cuánto tiempo

podrá durar esto.

 

Cuelgo mi oreja en la pared

como el marco de una pintura barata.

 

El nombre que los padres de mi vecino eligieron

meses antes de nacer es gritado con furia.

 

Con todos sus caracteres tecleados en el aire

por un fantasma que desaparece con la lengua

de ella y de él.  Descuelgo la oreja de la pared

y continúo escribiendo este poema.

El vecino dice “aaagg” fuerte, muy fuerte.

 

 

 

ANIMAL NACIONAL

 

Estaba escribiendo un poema al nadador chileno Víctor “Tiburón” Contreras…lo que recordaba de él en mi niñez; que a toda persona que tenía relación con el agua, se le apodaba como él en los 80’s. Su paso por el Canal de la Mancha, su arrojo en el Estrecho de Gibraltar, su nado abierto en las frías aguas de la Antártida chilena…

 

Todo marchaba bien, el poema marchaba bien, algunas aliteraciones que repetían el sonido del cuerpo destrozando las masas de agua en el Mundo: el adjetivo empleado daba vida al poema, Víctor “Tiburón” Contreras en la medianía y final del texto funcionaba incluso como verbo…descollando e inhabilitando el proceso futuro del editor. El poema estaba rematado, quieto y vivo a la vez…como un pez recién cazado, listo para saltar y romper a lo menos 130 años de poesía deportiva nacional…hasta que navegué en la internet buscando su nombre y aparecía vestido de amarillo, fluorescente, agradeciendo su juvenil vida a la dictadura con una foto de Pinochet entre sus aletas, el animal.

 

Ahora miro al ególatra poema con distancia, con recelo, con el miedo que ejercen las bestias. El tiburón tiene sus aletas rígidas. El tiburón es un animal adaptado a su medio. El tiburón detecta a su víctima al más ínfimo movimiento o vibración. El tiburón es susceptible a la más mínima gota de sangre vertida en el mar. En las últimas cuatro líneas del texto, hablo del depredador del océano. Durante aproximadamente 400 millones de años, el tiburón ha ido evolucionando, el otro no.


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