Es posible olvidar que fechas, a estas alturas conmemorativas, como Mayo del 68, se hicieron de hechos específicos: la reunión de conflictos, respuestas y problemáticas que tejieron la realidad vertiginosa de esos días. El mes y el año abandonan su carácter acaparador y neutralizante.

A continuación presentamos fragmentos de una cronología anónima de esos días y una crónica escrita por el dirigente  Daniel Cohn-Bendit.

 Cronología de la “semana rabiosa”

Inaugurada hace cinco años, la facultad de Humanidades de Nanterre debería constituir el prototipo de la Universidad moderna. Un edificio funcional, grandes ventanales; y un paisaje de suburbio y miseria. En la facultad piloto, que alberga a 14.000 alumnos, las contradicciones motivadas por una enseñanza arcaica comienzan a producir los primero disturbios. En noviembre de 1967, con la iniciación de los cursos, se desarrolla un huelga de diez días que culmina con la constitución de una comisión mixta –profesores y estudiantes- encargada de elevar ante el Ministro de Educación una serie de reivindicaciones de orden material: nada se consigue. Múltiples grupos, de diversa orientación política, deciden proseguir cada uno por su cuenta con las reivindicaciones. Estos grupos, en conjunto, no abracan un número mayor de cuatrocientos activistas. El 22 de marzo, los estudiantes invaden y ocupan las oficinas de la administración. Exigían la libertad de expresión política dentro de la facultad. Fue una noche que consideraron histórica. De ella nació una tradición y una nueva agrupación: el Movimiento 22 de marzo, nucleado alrededor de la figura de Daniel Cohn-Bendit, estudiante de sociología de 23 años, nacido en Francia, hijo de refugiados alemanes. Muy pronto, éste se transforma en el principal animador de los llamados “iracundos de Nanterre”.

19 de abril:

Una manifestación de solidaridad con los estudiantes alemanes, después del atentado contra Rudi Dutschke, agrupa a 2.000 estudiantes en el barrio Latino.

26 de abril:

En Nanterre, en el anfiteatro “Che Guevara”, tiene lugar una asamblea general del Movimiento 22 de marzo. Entre otras acciones, se programa una serie de jornadas de lucha contra el imperialismo.

Sábado 4 y Domingo 5 de mayo:

Refuerzo del dispositivo policial en todo el barrio Latino. El tribunal judicial condena a cuatro estudiantes a penas de prisión. Las organizaciones estudiantiles preparan la movilización general inicialmente prevista para el lunes en la Sorbona. Se llama a los estudiantes a constituirse en comités de acción. La agitación cunde por la provincia. “L´Humanité” invita “a considerar las graves consecuencias a las que conduce el aventurerismo político aun cuando se disfraza tras una fraseología revolucionaria”.

Lunes 6 de mayo:

Casi unánimemente los 600.000 estudiantes de Francia acatan el llamado a la huelga general. Por la mañana, acatan el llamado a la huelga general. Por la mañana, breves choques con la policía. Por primera vez, se difunden panfletos llamando a la solidaridad obrera. Se insiste en la formación de los comités de acción. Al mediodía, acto en la

Facultad de Ciencias; a continuación una gran manifestación por la orilla derecha del Sena hasta la puerta del edificio donde se halla reunida la Comisión disciplinaria de la Universidad que debe juzgar a Cohn-Bendit y sus compañeros. Los siete acusados se presentan ante la Comisión con el puño en alto, cantando La Internacional. La Comisión se reserva el derecho de deliberar al día siguiente. Por la tarde 10.000 estudiantes al grito de “Somos un grupúsculo”, llegan al barrio Latino.

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Jueves 9 de mayo:

“L´Humanité” habla de “la justa causa de los estudiantes”. Por la mañana, frente a la reacción de una gran cantidad de militantes, la UNEF y el SNESup hacen su autocrítica, en lo que concierne a la orden de dispersión dada la víspera. El gobierno anuncia que tanto Nanterre como la Sorbona serán reabiertas “progresivamente”

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Al anochecer, tienen lugar discusiones en el

JCR edificio de La Mutualidad, en ocasión de un acto inicialmente programado por la bajo el lema: “La juventud, de la revuelta a la revolución”, y ahora extendido a todo el movimiento.

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Viernes 10 de mayo:

En Nanterre, por la mañana, los militantes del Movimientos 22 de marzo ocupan la facultad que ha sido reabierta. Una numerosa manifestación alcanza por la tarde el barrio Latino. Se levantan barricadas. Esa noche se entablan los combates más violentos. La “noche de las barricadas” conmueve al país por lo sangriento de la represión y la heroica resistencia de los manifestantes. Fue la chispa que desencadena el movimiento popular. Balance de la lucha durante esa noche: 500 detenidos, un millar de heridos, 200 automóviles incendiados, el barrio Latino arrasado.

Martes 14 de mayo:

Manifestaciones estudiantiles y grupos de los comités de acción parten hacia las fábricas llevando consignas: “Los obreros deben tomar la bandera de lucha de nuestras frágiles manos”.

Miércoles 15 de mayo:

En la fábrica Renault, 200 obreros jóvenes se encierran por la tarde, después del trabajo, en los locales abandonados, secuestrando a los directores en su oficina, pasando la noche en el lugar. Al día siguiente, la inmensa mayoría se pliega a la ocupación de la fábrica. Esta acción imprevista sorprende al estado mayor sindical. Los obreros pasan a la ofensiva. A partir de entonces, la fábrica Renault, “la Nanterre obrera”, se transforma en el símbolo del más vasto movimiento de huelga que haya conocido el país. En una semana y sin ninguna coordinación sindical, Francia queda absolutamente paralizada: diez millones de obreros se han lanzado a la huelga.

Nuestra Comuna del 10 de mayo

Daniel Cohen-Bendit

La “noche de las barricadas” del viernes 10 de mayo no fue premeditada como lo pretendió el gobierno, pero nosotros sabíamos, yendo a la manifestación, que podría pasar cualquier cosa. Ya no podíamos contentarnos con desfilar tranquilamente y regresar a nuestras casas. Dos días antes, el miércoles, cuando la columna había llegado a lo alto del bulevar Saint-Michel, se había lanzado la voz de orden: “A dispersarse”. Nosotros estábamos en contra, pero eso no es lo importante. Lo que cuenta es la manera como los estudiantes recibieron esa voz de orden. Estaban desalentados. He visto a muchos llorando, que decían: “Entonces, ¿nos vamos? ¿Cedemos? ¿Hemos venido para nada? ¿Hubo mil heridos en dos días y se contentan con marchar, de la Bastilla a la República, para volver enseguida a sus casas? ¿Para qué sirve eso?” Era el sentimiento de casi todos los jóvenes que estaban allí, no solo de los estudiantes, sino también de los jóvenes obreros que habían venido a unirse a nosotros.

La “noche de las barricadas” del viernes 10 de mayo no fue premeditada como lo pretendió el gobierno, pero nosotros sabíamos, yendo a la manifestación, que podría pasar cualquier cosa. Ya no podíamos contentarnos con desfilar tranquilamente y regresar a nuestras casas. Dos días antes, el miércoles, cuando la columna había llegado a lo alto del bulevar Saint-Michel, se había lanzado la voz de orden: “A dispersarse”. Nosotros estábamos en contra, pero eso no es lo importante. Lo que cuenta es la manera como los estudiantes recibieron esa voz de orden. Estaban desalentados. He visto a muchos llorando, que decían: “Entonces, ¿nos vamos? ¿Cedemos? ¿Hemos venido para nada? ¿Hubo mil heridos en dos días y se contentan con marchar, de la Bastilla a la República, para volver enseguida a sus casas? ¿Para qué sirve eso?” Era el sentimiento de casi todos los jóvenes que estaban allí, no solo de los estudiantes, sino también de los jóvenes obreros que habían venido a unirse a nosotros.

Era el sentimiento de mucha gente. No podíamos impedir de pensar en la Comuna. Hasta había quienes escribieron en las paredes: “Viva la Comuna del 10 de mayo”. Ya no se trataba sólo de un movimiento de estudiantes. Los otros, los jóvenes obreros, comprobaban que, por primera vez, había una acción real, masiva, contra el régimen y contra el sistema que los oprimía. Era lo mismo para los “blousons noirs” que nos acompañaron durante la larga marcha del martes, de Denfert-Rochereau a Etoile. Pregunté a uno de ellos por qué habían venido. Me dijo: “A ustedes, los policías los molestan de tanto en tanto, a nosotros, en todo momento. No podemos hacer nada sin que nos caigan encima. Y no podemos defendernos porque estamos solos. Hoy somos muchos y podemos hacerles frente”. Y el hecho de que se encontraran allí marcaba ya una toma de conciencia política.

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Pero a medida que la noche avanzaba, que las barricadas se reforzaban y se multiplicaban, nos dimos cuenta que si la policía atacaba, se provocaría una masacre. Esa es la razón por la que acepté ir a ver al rector Roche, no para discutir sino para explicarle lo que pasaría si la policía no se retiraba.

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Que la Sorbona permaneciera cerrada uno o varios días más ya no tenía ninguna importancia. La situación era grave y la única manera de evitar que hubiese muertos, era hacer retirar las fuerzas de policía. Los estudiantes permanecerían detrás de sus barricadas y continuarían ocupando las calles. ¿Y eso a quién molestaba? A nadie.

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Nosotros le dijimos: “Baje con nosotros a la calle, bajo nuestra protección. No le pasará nada y podrá darse cuenta por sí mismo del estado de ánimo, de la determinación de esta juventud de la que usted dice que sólo quiere una cosa: pasar tranquilamente sus exámenes”. El dijo: “No, prefiero permanecer aquí para tratar de convencer al ministro”. Entonces, media hora más tarde, redactó ese comunicado terrible en el que poco más o menos decía a los estudiantes: vuelvan a sus casas, ya han hecho bastantes tonterías.

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Cuando salimos comprobé que los policías ya habían despejado la plaza Edmond-Rostand con granadas lacrimógenas y los estudiantes se habían replegado detrás de las barricadas. El ataque comenzó cerca de media hora más tarde, contra la barricada del bulevar Saint-Michel, esquina Royer-Collard, luego contra la primera barricada de la calle Gay-Lussac. Los defensores de la calle Royer-Collard resistieron en forma extraordinaria. La posición era capital ya que si los policías pasaban, todos los manifestantes en el extremo de la calle Gay-Lussac quedaban cercados. Fueron ellos quienes resistieron más tiempo, con un coraje inconcebible.

 


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