El movimiento de Mayo del 68 hizo discutir a intelectuales y dirigentes, amplió las posibilidades de discusión, en pos de la cooperación y el enriquecimiento de las posiciones.

A continuación presentamos fragmentos de entrevistas de Jean-Paul Sartre y Herbert Marcuse, ambos pensadores claves para el movimiento.

Diálogo entre Jean-Paul Sartre y Daniel Cohn-Bendit.

JPS:

Por ahora hay una evidente desproporción entre el carácter masivo del movimiento de huelga, que permite, en efecto, un enfrentamiento directo al régimen, y las reivindicaciones, con todo limitadas (salarios, organización del trabajo, jubilaciones, etc.), presentadas por los sindicatos.

DC-B:

Hubo siempre un desnivel, en las luchas obreras, entre el vigor de la acción y las reivindicaciones iniciales. Pero puede suceder que el éxito de la acción, el dinamismo del movimiento, llegue a modificar en la marcha la naturaleza de las reivindicaciones. Una huelga desencadenada para lograr conquistas parciales puede transformarse en un movimiento insurreccional.

JPS:

El problema sigue siendo el mismo: mejoras o revolución. Como usted dice, todo lo que ustedes hacen a través de la violencia es recuperado por los reformistas de una manera positiva. La Universidad, gracias a lo que ustedes han hecho, se verá mejorada, pero siempre dentro del marco de la sociedad burguesa.

DC-B:

Es evidente; pero creo que no hay otro modo de avanzar. Tomemos el ejemplo de los exámenes. No se discute que se seguirá con ellos. Pero seguramente no se desarrollarán como antes. Se encontrará una fórmula nueva. Y si una sola vez se efectúan de un modo desacostumbrado, un proceso de reforma se pondrá en marcha de modo irreversible. No sé hasta qué punto llegará, lo que sé es que se hará lentamente; pero es la única estrategia posible.

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La cuestión de saber si puede haber todavía revoluciones en las sociedades capitalistas evolucionadas y de lo que hay que hacer para provocarlas realmente no me interesa.

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JPS: Lo que mucha gente no comprende, es que ustedes no buscan elaborar un programa, ni dar una estructura al movimiento. Les reprochan querer “destruirlo todo” sin saber –en todo caso sin decir- lo que ustedes quieren colocar en lugar de lo que derrumban.

DC-B: ¡Claro! Todo el mundo se tranquilizaría –Pompidou en primer lugar- si fundáramos un partido anunciando: “Toda esta gente está con nosotros. Aquí están nuestros objetivos y el modo cómo pensamos lograrlos…” Se sabría a que atenerse y por lo tanto la forma de anularnos. Ya no se estaría frente a “la anarquía”, el “desorden”, la “efervescencia incontrolable”.

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JPS: Eso supone la existencia permanente de un movimiento “anti-institucional” que impida a las fuerzas estudiantiles estancarse. Lo que ustedes pueden reprochar a UNEF, en efecto, es de ser un sindicato, es decir una institución forzosamente esclerosada.

DC-B: Le reprochamos ser, sobre todo en sus formas de organización, incapaz de lanzar una reivindicación. La defensa de los intereses de los estudiantes resulta, de todos modos, una cosa problemática. ¿Cuáles son esos intereses? Los estudiantes no constituyen una clase. Los trabajadores, los campesinos, forman una clase social y tienen intereses objetivos. Sus reivindicaciones son claras y van dirigidas a los patrones, a los representantes de la burguesía. ¿Pero los estudiantes? ¿Quiénes son sus opresores, salvo el sistema?


Herbert Marcuse llega a París a principios de mayo, con el objeto de participar en un coloquio celebrado por la UNESCO, en ocasión del 150 aniversario del nacimiento de Karl Marx. Estas declaraciones son recogidas por Le Monde y Le Nouvel Observateur entre el 5 y el 9 de mayo aproximadamente. Abandonaría París, antes del estallido general, para hacer una visita en su lecho de convaleciente a Rudi Dutschke, líder de los estudiantes alemanes, víctima de un atentado fascista.

Presentamos a continuación fragmentos de esa entrevista.

“…creo seriamente que la violencia de los estudiantes no es sino una respuesta a la violencia institucionalizada de las fuerzas del orden. Me identifico con las motivaciones profundas de una lucha estudiantil que ataca no sólo a las estructuras perimidas de la Universidad, sino a todo un orden social, donde la prosperidad y la cohesión tiene por fundamento la incentivación de la explotación, la competencia brutal y una moral hipócrita. Creo que los estudiantes se rebelan contra todo nuestro modo de vida, que ellos rechazan las ventajas de esta sociedad tanto como sus males, y que aspiran a un modo de vida radicalmente nuevo: a un mundo donde la competencia, la lucha de los individuos unos contra otros, el engaño, la crueldad y la masacre ya no tengan razón de ser…”

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“Los estudiantes no tienen, sin duda, una visión precisa y detallada de la sociedad que quieren –lo que, por otra parte, sería prematuro e irresponsable de su parte- pero saben perfectamente lo que no quieren y, en la fase actual, que es de preparación y no de revolución, es suficiente. En lo que respecta a la Universidad, saben lo que quieren: ellos toman en serio el principio democrático de la autodeterminación y quieren ser educados en la autodeterminación.”

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“Toda explicación verdadera debe conducir a buscar una transformación, y hay una relación interna evidente entre la explicación y la transformación”

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“Si son violentos es porque están desesperados. Y la desesperación puede ser el motor de una acción política eficaz. Mire a los habitantes de los ghettos negros en los Estados Unidos: prenden fuego a sus propios barrios, incendian sus propias casas. Esa no es una acción revolucionaria, pero es un acto de desesperación y un acto político. Por otra parte, en los Estados Unidos, el malestar no se limita a los estudiantes; es general. Los estudiantes no se rebelan contra una sociedad pobre y mal organizada, sino contra una sociedad bastante rica, bastante bien organizada en el lujo y en el despilfarro, mientras el 25% de la población del país vive en los ghettos, en medio de la pobreza. La rebelión no está dirigida contra los males que provoca esta sociedad, sino contra sus beneficios. Es un fenómeno nuevo, característico de lo que se ha dado en llamar “la sociedad de la opulencia”.

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“yo no soy nunca un derrotista. En los Estados Unidos la creciente oposición a la guerra del Vietnam ha contribuido a provocar, al menos en parte, un cambio en la política norteamericana. No hay que hacerse ilusiones, pero tampoco se debe ser derrotista. Es inútil esperar, en semejante conflicto, que las masas vengan a integrarse al movimiento, participar en el proceso. Todo comenzó siempre por un puñado de intelectuales en rebelión. Puede detectarse un síntoma con estas carcterísticas, creo yo, en las revueltas actuales de los estudiantes. Son, sin embargo, rebeliones siempre espontáneas; en los Estados Unidos no existe ninguna coordinación, ninguna organización que actúe en una escala nacional, ni siquiera a nivel de uno de los Estados, y estamos bien lejos de cualquier organización internacional. Este tipo de rebelión no conduce, ciertamente, a la creación de una fuerza revolucionaria. Pero es convergente con los movimientos del “tercer mundo”, con la actividad de los ghettos. Es una poderosa fuerza de desintegración.”

 


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