27/01/2018: Teoría y práctica. Les unwanted de Europa (Fabrizio Ferraro) y Le film du Bazin (Pierre Hébert).

Rotterdam, junto a Locarno, son reconocidos generalmente por poseer la mayor apertura entre los grandes festivales hacia el cine más experimental. Rotterdam ha sido llamado, no sin cierta malicia, la meca del slow cinema. Si bien ha sido hasta el momento el conjunto de películas más demandantes en mi corta experiencia festivalera, también es cierto que la variedad de ritmos y accesibilidad de las obras es mayor de lo que algunos dicen. Directamente podría decir que dos de las películas animadas que vi – Night is Short, Walk on Girl de Masaaki Yuasa y Mutafukaz de Renard y Hojiri – se encuentran dentro de lo más rápido y divertido que haya visto jamás en un festival “serio”. Sin embargo me gustaría detenerme en dos películas que podrían confirmar el estigma de Rotterdam.

Algunos locales me contaban que existía cierta desconfianza de parte de algunos holandeses hacia la exclusividad del festival. Esta discusión, en la que probablemente me encuentro en el ala más snob del asunto al defender sin duda estos espacios, me hizo mayor sentido al ver dos películas relacionadas directamente con teóricos específicos durante la misma jornada. Una anti-biopic del alemán Walter Benjamin y un documental experimental basado en los últimos escritos del crítico francés Andrè Bazin fueron, como mínimo, un visionado demandante. A pesar de esta conexión teórica, ambas películas presentaban un notorio contraste en la manera de tratar sus fuentes de inspiración.

Fui a ver la película de Ferraro con una malicia algo infantil. Realizar una película de formato biográfico sobre Benjamin, es decir, recreando los momentos “destacados” en la vida del filósofo, me parecía una idea algo ridícula. Otras biografías recientes de teóricos alimentaban esta desconfianza: The Young Karl Marx de Raoul Peck mostraba hace poco una versión telenovelesca y romantizada de la vida del alemán. Finalmente, la película de Ferraro poco tenía que ver con eso, y muchas más con las áridas películas de Hans-Jürgen Syberberg (a quien la película está dedicada).

Les unwanted de Europa llama la atención desde el principio por el momento que escoge para retratar la vida de Benjamin. La película se centra en su escape de los nazis, pero no necesariamente en las partes más tensas de aquella travesía. Se trata directamente de una película sobre “transiciones”. Se ve a Benjamin fumando, caminando en larguísimos planos secuencias, escribiendo, y realizando una serie de acciones normalmente poco consideradas como cinematográficas. El diálogo con su trabajo teórico es directo: sus tesis sobre la historia, sus teorías sobre el pensamiento y la escritura, y sus elaboraciones sobre la figura del flaneur están todas presentes. Se trata de una película que requiere, en cierta manera, una bibliografía mínima para verla. Un deleite para un experto en el filósofo, una experiencia interesante para quienes hemos dedicado algo de tiempo a su obra, y un suplicio para quienes desconozcan su trabajo. Sospecho que pertenecían a este último grupo la veintena de espectadores que abandonaron la sala durante la primera media hora.

Un ejercicio similar de teoría y práctica se proponía en Le film du Bazin de Pierre Hébert. Sin embargo esta vez resultaba aún más hermético. La relación que la película hace con las ideas de Bazin, las cuales conozco mejor que las de Benjamin, resultaban más difíciles de entender, terminando más bien en un recorrido experimental por distintas piezas arquitectónicas resaltadas por apuntes incompletos del crítico. La asociación libre de Hébert, capaz de meter a Luther King en una discusión sobre la construcción de una iglesia italiana, recuerda a algunas corrientes de conciencia realizadas por Chris Marker, pero sin el ingenio y la fascinación de este último. Durando poco más de una hora, el éxodo de espectadores resultó aún más notorio debido al reducido espacio de la sala. Cuando la película terminó, apenas unas horas después haber visto la de Ferraro, terminé con un ligero dolor de cabeza que me hacía pensar en un comentario que escuché antes: cada año llegan familias holandesas por primera vez a Rotterdam para atender a películas al azar.


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