Juan Pablo Rodríguez (Talca, 1985). Ha publicado Shanghai (2015) por Alquimia Ediciones.

Rodríguez en estos poemas descubre los hilos, tan difusos como presentes, que engarzan poesía y experiencia. No el vitalismo, no la renuncia a todo lo que no sea cosa por acercarse a la realidad, sino una zona otra del lenguaje, capaz de reflexionar sobre y desde sí misma.

Presentamos a continuación algunos poemas de “Sobre el movimiento de las estrellas fijas”, libro a editarse próximamente por Editorial Aparte.

 

 

PRIMER POEMA

Bosquejo puntos con un palo
sobre un camino de tierra.
El primer poema sigue ese patrón de escritura.
Luego llueve. Llueve mucho.

El poema no es el mismo
después de esa experiencia.
El camino también sabe
de transfiguraciones.

Un camino por el que nada circula
deja de serlo y cualquier superficie
se puede transformar
en carta náutica o croquis aéreo.

Ya que navegamos a la deriva
y el mar es una vieja técnica de distanciamiento
deberíamos unir los puntos
de la constelación y ver qué dicen.

No dicen nada.
Pero indican la materia
de la que está hecho la falta de tiempo
el agua potable, la proveniencia de ciertas úlceras.

Si los mapas están de moda
es porque el territorio asfixia
y sabemos y no sabemos dónde está
como sucede con ciertos órganos.

No quiere irse en el sueño
el oso que vigila
las constelaciones ausentes
en la última conserjería de la tierra.

No hay lenguaje meridiano ni instrucciones
para echar a andar la brújula
la máquina inflamada por el aire
que circula sin idiomas.

 

FLORES PLÁSTICAS

En la ventana una hoja de la enredadera
termina de morir y en la ambulancia vacía

el enfermero se pregunta si el vaivén
de la sirena repetida en su cabeza
podrá calmar el cansancio, el dolor
de perder a un hijo todas las noches.

Deberíamos investigar
por qué los objetos
(un par de zapatillas viejas
un pantalón de buzo)

y las personas con las que pasamos un tiempo
toman nuestra forma

cómo hacerlas durar
en el poema

cuando se enfrían y se tornan rígidas

la necesidad
de mirar por la ventana propia

hacia la ventana de los vecinos en la oscuridad
sin imaginar o pensar nada.

No salir disparados fuera del campo
de la nueva vida,
sea esa nuestra humilde tarea.

Recojo tus anteojos: te veo triple.

Sobre la cómoda ochentera
dispuestas en un vaso
brotan con nitidez
dos flores de plástico.

Intercambiamos planos
(ellas florecen, nosotros
nos difuminamos).

¿Recuerdas cuando admirábamos
esas casas enormes
colonizadas por enredaderas?

 

LAS ESTRELLAS TE REGALAN POR UN INSTANTE SU PUNTO DE VISTA

El mundo: una maqueta
habitada por criaturas
que construyen
nidos y nudos
modelos a escala de la maqueta
que no quieren ver
por un susto indeciso ante la nada
que dice nada, no hay nada
que temer.

 

MEDITACION PASCALIANA

La naturaleza hace cosas
que nosotros no hacemos.

El fuego arde, por ejemplo
y nosotros no ardemos.

El río baja por una ladera
sin perder su curso
y nosotros no.

El viento costero horada piedras
se rompe y luego se disipa.

Cierta tarde el sol se hunde en el mar
y produce una sensación
de eternidad gratuita.

Nosotros nos hundimos
y emergemos con el pelo sobre los ojos
cada vez más torpes
más desorientados o más sedientos.

Como una consonante aislada
la queja de la naturaleza
no es sintomática
no dice nada.

Mi sobrina equilibra un huracán
en la punta de la lengua
(su versión de la naturaleza en un dibujo).

A lo lejos, junto a un enorme sol pespunteado
las cabras hacen sonar sus cencerros.

 

 

 

 


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