Rodrigo Hidalgo Moscoso (Santiago, 1976). El espacio entre dos convalecientes en el hospital,  a punta de una conversación casual. Con tanto y tan poco se teje este cuento de Rodrigo Hidalgo, que presentaremos en cuatro partes.

-Humberto… ¿estai despierto?
-Sí, qué pasa.
-Oye perdona, no te quería ofender denantes con lo de tu señora, ni con lo de mapuche, es que así soy yo, me gusta echar como se dice puras tallas pesadas, pero no lo digo en serio, es pa romper el hielo no más.
-¿Tiene algo en contra de los mapuches usted?
-No, por supuesto que no pues. Si mi abuela materna era de Nacimiento, ella era Aranda Pillán. No la conocí yo, o sea, la vi un par de veces pero era muy chiquito. Bertolina Aranda Pillán.
-¿Y cómo habla así entonces? ¿No tiene respeto por su abuela?
-Pero si lo que quiero decir es que no tengo nada contra los mapuches, ¿me entendís?
-Usted denantes me dijo mapuche así como con desprecio.
-Todo lo contrario. Tú estabas diciendo que la raza chilena es penca, y lo decías porque eres de otra raza pos compadre, de raza mapuche. Pero yo creo que a las finales somos todos igual de la misma raza, ¿me entendís? Porque los que rayan las paredes y rompen los asientos y los paraderos, los que no pagan, son los flaites no más, ni mapuches ni chilenos, flaites y punto ¿onofre?
-Flaites chilenos.
-¿No mapuches?
-No mapuches.
-¿Usted tiene dos hijas cierto?
-…
-Si yo escucho todo Humberto, soy cartero. Quiero decir que soy sapo profesional. Si hasta trabajé pa los milicos en un tiempo. Lo escuché clarito cuando hablaba con su señora. Usted tiene dos hijas y la mayor no lo va a venir a ver sino hasta el lunes, ¿correcto?
-Sapo profesional…
-Dígame. Su señora, tan rubia y guapa que lo felicité ¿qué apellida?
-Oiga que es metido usted, no tengo por qué contarle nada de esto yo.
-Pero por favor, no se taime tampoco Humberto, si ya nos estábamos tuteando hace un rato. Hablemos con confianza. ¿No ve que vamos a estar un buen rato acá, acompañándonos uno al otro? Si estos otros que están en las otras camas, no hablan nada.
-¿Y pa qué quiere saber el apellido de mi señora?
-Porque el apellido lo vai a perder, no tenís hijos varones. Y tu esposa es blanquita y rubia. ¿Cómo son tus hijas, rubias?
-El apellido se perderá, pero lo importante va por dentro.
-Quiero decir que la raza se mezcla pues Humberto. Eso no más. No hay razas puras. La raza chilena que decís tú, no existe. Todos los chilenos somos pencas, si querís. Y eso te incluye a ti igual en todo caso.
-Yo no soy chileno.
-Ya, puta, perdona Humberto, en serio, no te quería ofender.
-¿Y a usted no le da cosa decir así como si nada que es “sapo profesional”?
-Soy sapo pues, y mejor decirlo que andarlo ocultando ¿o no? Todos somos sapos. ¿O tú no te asomai a la ventana cuando escuchai un frenazo como de choque en la calle? Es la curiosidad, lo más normal del mundo. Y tú trabajabai con sapos también ¿o no? Ahora los pusieron en las garitas, pero son sapos igual.
-Sí, claro pero es distinto. Una cosa es la pega y otra ser sapo como usted dice, por curiosidad.
-Distinto… Los sapos de curiosos, están en cualquier pega. Pero sí, hay pegas como la mía, hechas para que la curiosidad lo persiga a uno. Piense, el gallo que se para a contar micros y saben a qué hora pasa qué vehículo todos los días, tiene una información preciosa para los ratis y pa los pacos. Los que trabajan en peajes, todos los que tienen que ver con tránsito, los de las cámaras. Y los que entran a las casas. Un gásfiter, un electricista, el conserje, el jardinero, puf, todos pueden ser sapos.
-¿Y cuál es la gracia?
-¿Y cuál es la gracia de ser chofer de micro?
-Aghhhh…
-¿Te sientes bien?
-Más o menos. Hmmmmmm…
-La carita que puso oiga. ¿Le duele algo compadre? Con ese botón que está ahí al lado de arriba se llama a la enfermera.
-¿Y las chiquillas, las auxiliares?
-Se fueron, son unas cabritas chicas, deben estar por ahí pinchando con los otros practicantes, tratando de engrupirse a algún enfermero… hay uno moreno que se lo pasa rico, se las culea en el baño a todas.
-Puta, como que no siento la pierna ahora, siento el hormigueo…
-Pero si te sientes muy mal aprieta el botón pues Humberto. O si no, a ver párate, afírmate del caño donde tenís colgao el suero, con cuidado sí poh, eso. Trata de bajarte de la cama y caminar un poco alrededor de la cama. A lo mejor es pura mala posición…
-No se me vaya a extender pa bajo la parálisis, pa la pierna.
-Puta, mejor llamo a la enfermera y veamos pues, si no podís mover la pierna hay que llamar a un doctor, antes de que sea más tarde, aunque a esta hora los que estén de turno deben estar más ocupados que baño de prostíbulo. Con cuidado hombre, eso, trata de pararte.
-A ver…
-¿Te duele?
-No, está un poco como dormida, nada más.
-Con cuidado. Y denantes que vino la Barbarita con las paramédicas ¿por qué no le dijiste nada?
-Porque estaba bien, no me sentía así.
-¿Querís que la llame?
-No, no, déjala. Si ya se me está pasando, voy a dar una vuelta a la cama como me dijiste. De ahí cuando vuelvan las auxiliares les cuento.
-Con cuidado no más.
-Oiga Previsto, y a usted, ¿qué remedios le están dando?
-Corticoides pues, lo mismo que a ti, pero a mí me dan en pastillas, y los anticoagulantes, que es la inyección que nos ponen 4 veces al día en la guata. ¿Tú no ponís atención cuando la Barbarita te habla o qué?
-Yo no entiendo nada de esas cosas.
-Si hasta yo ya caché la dosis que te están dando. Te están dando el más fuerte, intravenoso, el que tenís colgando enchufao al brazo.
-¡Ah! ¿esto es el corticoide?
-Sí pue, ¿qué pensabai que era?
-No sé, ¿suero?
-No pues mi pollo, es el corticoide, el remedio.
-¿Y por qué a usted no le ponen eso?
-No pueden, porque yo soy diabético, necesito un corticoide más suavecito, además de algún otro tratamiento, supongo. Los corticoides tienen hartos efectos secundarios.
-No cacho ná. Me está hablando en chino.
-Oye, pero tú me ibai a contar cómo fue que te agarró esta parálisis y de ahí nos fuimos pa otro lado conversando, me dijiste que ibas manejando, ¿y qué pasó?
-Sí po, por Larraín p’ arriba, y de repente empiezo a sentir que la mano no me responde, el brazo, fue así como en un rato largo, de unos cinco a diez minutos, como que sentía igual cuando se te duerme la mano, así como un hormigueo fuerte ¿cachai? Yo iba pensando: llegando a la garita pido permiso y me voy al doctor o a la casa. Pero no alcancé. Como uno maneja con las dos manos, igual no me complicaba tanto y no me di cuenta. Pero como uno está automatizado, de pronto en Pepe Vila, cambia el semáforo, yo venía ya rápido, agarrando el verde, y acelero y con la mano derecha voy a mover los cambios y no puedo, se me cayó el brazo del volante, como muerta, la mano y el brazo completo, y ahí me desesperé. No hallaba cómo pasar los cambios así que frené no más, de a poco, y un par de pasajeros que iban adelante cacharon que algo me pasaba. Así que paré en una esquina, se bajaron todos, y llamé por el celular al jefe y a mi señora. Ya ahí no tenía control sobre nada del brazo, lo tenía colgando al lado del cuerpo, no lo sentía, y me urgí porque de ahí se empezó a poner como duro, tieso, como paralizado.
-Así como lo tenís ahora, colgando pero tieso.
-¿Y qué hiciste?
-Esperar po. Más asustao que la cresta. Me fumé como 10 cigarrillos. Hasta que llegó un colega, nos fuimos a la garita, que no queda mucho más allá, pasando Las Perdices, ¿tú creís que hubo alguna preocupación por mi salud, que me dijeron: mire vaya pa tal hospital, que tengo algún seguro, alguna cómo se llama, cobertura de salud? Nada compadre. Los del sindicato se llenan la boca con puras mentiras, yo ya los tengo cachaos, así que lo encaré a uno que lo vi ahí mismo, se hizo el hueón y se echó el pollo. Así que me agarró la rabia más encima, y de ahí me fui a la posta, al Hospital que está en Av. Grecia. Ahí me estaba esperando mi señora. De ahí me derivaron a un consultorio cerca de mi casa. Esto fue el lunes de la semana pasada, así que calcule. Ayer me trajeron para acá, estuve toda la tarde haciendo una fila. A la noche me vieron y me dijeron que volviera hoy. En la tarde me vio el médico de nuevo, y ahí me dijo lo vamos a internar. Un hueveo oiga… yo no sé cómo funciona esta custión, ni idea, pero yo lo que digo es que los políticos se llenan la boca que el plan Auge, que hacen esto que hacen lo otro, y cuando a uno le toca, ahí cacha que todo es pura mentira.
-¿Su enfermedad está cubierta por el plan Auge?
-Pero si no sé qué enfermedad es todavía.
-¿Entonces cómo quiere que lo cubra el plan Auge?
-No tengo idea yo, qué quiere, me he tenido que hacer más exámenes que la cresta, y Fonasa me cubre algo, pero por ser, la resonancia y el scanner…
-Son recontracaras las porquerías.
-Pero Fonasa me cubre un poco, igual tuve que pagar como 50 lucas por cada uno de esos.
-Igual es chora la maquinita, ¿o no? Se me ocurre como una máquina del espacio.
-La resonancia.
-Sí.
-No sé yo, a mí lo que me huevea es que se demoran más que la cresta en hacértelo, en darte hora, y más todavía de ahí, pa entregarte los resultados, pufff. Puro trámite. Si tuviera plata me voy a la Clínica Santa María y te apuesto que todo vuela.
-Bueno, pero al menos no se te ha agravado, ¿o sí? ¿Te sentís mejor de la pierna?
-Un poco, sí.
-Conversar hace bien, te olvidai un poco.
-Puede ser.
-Ven más para acá, pa que hablemos más despacio.
-¿No tiene sueño usted compadre? Deben ser como las 2 de la mañana.
-Qué voy a tener sueño, estas sábanas son terribles, te morís de calor. Si podís, pídele a tu señora que te traiga sábanas de tu casa.
-¿Y a usted no le trajeron?
-Mi ex mujer ni se ha asomado. Mi hija… tampoco tiene tiempo.
-Así son los hijos.
-¿Sabís lo que pasa Humberto? Que mi familia no me quiere mucho. Nunca me perdonaron, porque yo le fallé a mi primera esposa. Me pilló con otra, ¿ve?
-Ah mier…
-Pero era loca. Me puso una pistola en la cabeza. Me echó de la casa, y bueno, ahí quedé no más pues. Pero era una pistola de agua. La hueona loca.
-Y lo pillaron así como dicen, ¿en el acto mismo?
-No, no. Se dio cuenta, me pilló una boleta de un motel, por ahí comenzó.
-No la supo hacer pues Previsto.
-Me condorié.
-Bueno, yo lo que le puedo decir es que así somos los hombres creo yo. No podemos nunca de dejar de mirar pal lao.
-¿Sabes qué? Las mujeres son iguales. Mi segunda mujer, esa misma con la que me pillaron, también me salió loca. Pero de fresca. Maraca. Mira, uno se casa, y de ahí tu mujer te deja de practicar el sexo oral ¿o no? Eso si te la chupaba cuando pololiabai, claro. Pero te casai, y olvídate que te la chupe. Lo mismo con el ano. Si te lo soltó cuando pololiabai de ahí cuando te casaste, olvídate. ¿O no?
-…
-Yo después caché. Esta mina, con la que me fui, puta, cuando era patas negras, las hacía todas. Pero cuando me fui a vivir con ella, en su casa, ahí mismo cambió todo. Estuve con ella como un 10 meses no más. Al ratito caché que conmigo ya no le pasaba nada, que me duele, que me da asco. Y después supe que la muy carerraja tenía otro. La mujer le suelta el chico al amante, no al marido. Si las mujeres no se pusieran hueonas con el matrimonio, uno no andaría mirando pal lao, ni iría a putas ni nada. ¿No cree?
-N-no lo había pensado…
-Es que tu mujer está muy buena moza, con todo respeto ¿no? ¿Te lo chupa todavía?
-Ya Previsto, me voy a acostar.
-Chis, tai como las enfermeras: fruncío.
-Te desubicaste puh viejito.
-¿Desubicarme? Lo que pasa es que hablo de frente las cosas.
-Ya, chao no más.
-Oye, oye, espérate, mira pallá, ¿podís fijarte en el viejo de la cama 4?
-Qué pasa.
-¡Míralo poh!
-¿Qué tiene?
-Parece que se desconectó el viejo. Eso que cuelga ahí ¿no es la sonda?
-Chucha no veo nada, y ¿qué querís que haga?
-Deja prender la luz. Voy a llamar estas cabras, o a la enfermera.
-Por la cresta.
-¡Pero no te acostís po! ¡Anda a ponerle la custión! ¡Si esa es la sonda pa respirar!
-¿Cómo le voy a poner la sonda? ¡Si yo no cacho nada!
-Puta, yo no me puedo parar… ayúdame a bajarme de la cama, ahí está la silla de ruedas.
-Shhhhhh… tranquilo Previsto, escucha: ahí ya viene la enfermera.

 

-Lo que pasa es que ese caballero es terrible, nos tiene cansadas a todas.
-Habla todo el rato, y siempre anda diciendo ordinarieces y tratando de aprovecharse.
-Ya nos advirtieron las otras chiquillas, no hay cómo pararle el carro.
-Pide que lo lleven al baño, que lo ayuden a bañarse, que lo ayuden a orinar…
-Si tiene parálisis en una pierna no más.
-Es entero fresco, señorita Bárbara, usted lo sabe, ¿el otro día no andaba usted quejándose de ese viejo cochino?
-A ver, ustedes tienen que entender que es un hombre muy solo, lo vinieron a abandonar prácticamente acá. Está muy mal, síquicamente. ¿Ustedes quieren ser paramédicas o qué? ¿No entienden que su trabajo depende justamente de su capacidad de comprensión y paciencia?
-Pero señorita Bárbara, ¿por qué no se lo llevan a siquiatría, si está tan mal?
-O que le den algo, un calmante, pa que se quede dormido.
-Yo creo que ese caballero debe hacerle incluso mal a los otros de la sala, que lo escuchan igual todo el rato…
-¡Pero ustedes no tiene facultades para referirse así a un paciente! ¿Se creen doctoras? ¡Habráse visto! Nada de lo terrible que pueda ser un paciente justifica que ustedes dejen la sala a solas. ¡Hay otros pacientes ahí! Su responsabilidad es hacer el turno, ¿dónde estaban?
-En la otra sala, la de las pacientes mujeres.
-Yo voy a tener que informar de esto, ustedes no están poniendo en riesgo solo el resultado de sus prácticas profesionales. Están poniendo en riesgo la vida de personas. Una auxiliar de enfermería, una paramédico no puede dejar a solas a los enfermos que están a su cuidado. Me parece elemental esto, yo no sé qué clase de Universidad o Instituto es… ése. Ya por favor retírense. Mañana les voy a informar qué medidas se toman. Y no dejen sola esa sala ni un segundo más.


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