Bares, fuentes de soda. Rostros de bolicheros y parroquianos. Espacios de tránsito cotidiano. Valparaíso como una ciudad en cuyo pulso se expresa, todavía, cierta resistencia a formas más individualistas de interacción. La ocupación de lo público parece aquí menos mediada desde la autoridad o el poder. Otro ritmo en el Plan. Las cosas suceden a una velocidad bien distinta al vértigo de la circulación del dinero y el consumo.  Sr Cliente: modere su vocabulario, recuerde que no se encuentra solo reza el cartel que cuelga en uno de los boliches que sirven de locación a esta serie de fotografías. Estas imágenes que capturan, más allá de la nostalgia, los últimos momentos de una forma de vivir que parece condenada a desvanecerse.  Y, sin embargo, persiste y nos recuerda que habitamos un espacio común, que no estamos solos.

 

 

 

 


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