Estoy viajando. Salí el miércoles pasado y vuelvo a Chile el 24 de octubre si todo sigue acorde al plan. Para esta primera crónica pensaba fabricar una reescritura del poema modernista sobre el aeroplano de Maples Arce que nunca me gustó, hablar de como la suspensión se toma la mente, describir el viaje en avión como una operación primitiva de desplazamiento a gran escala que expresa cómo materializamos la metáfora en los espacios o contar mi mañana con Winter donde vi una escultura de Dalí que dejó mi percepción tambaleando luego de que el avión se averiara en la escala que hicimos en Bogotá y tuvimos que quedarnos un día ahí sin haberlo planeado. Sin embargo, quiero hablar de un ser humano, no diré su nombre porque no es necesario, pero salió exiliada de chile hace años por participar de la resistencia. Ayer sábado se casó su hijo del medio y yo, estaba invitado al matrimonio.

En la fiesta entre medio de todos los gringos ella bailaba sin darle más cuerda de lo necesario a nadie. Quizá advertida de mi interés en la resistencia por un amigo chileno en común me toca el tema. Directamente me dice yo no hablo de eso, el que habla hace puro cuento luego reivindica el hecho de haber sacado a su hijo mayor de una zona de guerra y asentarse como inmigrante en un país extraño tan distinto que al cruzar la calle hay que mirar hacia el otro lado.

Me cuenta cómo dejó a su marido que le sacaba la cresta por Silvio Rodríguez con el que tuvo un amorío durante ocho meses. Luego se volvió a casar y tuvo sus primeros hijos gringos y aquí me tiró un rollo que me pareció interesante (todo esto mientras bailábamos y nos gritábamos en la euforia afectiva de un casorio que tenía como protagonista a alguien que queríamos mucho) me dijo que su hijo logró salir de la población en el barrio de inmigrantes londinenses porque ella fue capaz de traspasar su sentido político yo le enseñe que tenía derechos.

Me quedó dando vueltas esa visión porque situó para mi aún más claro y de primera fuente lo que atrae de esas vidas: el instinto de habitar lo pleno, de no soportar ninguna forma de represión. Para ella su hijo entendía la sublevación porque había sabido y se había esforzado por darse la vida que el quería siendo buen ser humano. El problema es cuando hay una acción directa de parte del poder que impide esa posibilidad, el sublevado no puede dejar de responder. El contexto es todo. Es lo que sorprende y lo que muchas veces apena.

Hackney central, Londres, 2 septiembre 2018.


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