“Nada es hombre, nada es tierra”, editado por Overol el año 2016, es uno de esos libros que invitan a los lectores a la exploración, de la mano de la misma curiosidad que empuja a su autora al curioseo por naturalezas y seres. “Observarse, olfatearse, morderse”, dice Emiliana.

Para continuar ese reencuentro, van estas cinco preguntas respecto al libro.

 

1.- Al leer “Nada es hombre, nada es tierra” se tiene la sensación de entrar a un mundo con lógicas, lugares y personajes propios, en vez de a un despliegue de lo “real”. ¿De qué manera crees que la poesía te permitió abordar un mundo otro?

 

Sinceramente, yo escribo de esto, del mundo, lo que nos rodea pero que no pasa con tanta evidencia y lo intensifico. Tal vez asumo algo que no ocurre, pero ¿quién no se ha quedado mirando por largo rato un bichito sobre los pelos del brazo? Mi infancia tiene que ver con mucha naturaleza, aunque en lo personal no era una gran fanática de la tierra, hacía buenas migas con las arañas pollito, fácilmente de esa imagen, por ejemplo, se podría pensar en un después, una niña que mira una araña, pero ¿qué es lo que le pasa a la araña? ¿mira a la niña? La respuesta a esa pregunta es el mundo otro, este mundo.

 

 

2.- El libro destaca de inmediato por su similitud con el cuento. Un cuento de hadas alucinado y febril. Este despliegue de la fábula enrarece los límites del poema, ¿por qué esa búsqueda desde lo fabular?

 

Soy una persona muy inexacta cuando se trata de cosas abstractas y sin duda hay gente mucho más prolija para abordar esos temas, me parece que no hay una elección de lo fabular, simplemente es algo que sucede, muchas veces quiero alargar los versos más allá de la línea que me permite la página, eso es por un tema de ritmo o cadencia, pero la historia que se relata no tiene que ver con lo raro, para nada, me es difícil pensar que hoy en día los poemas puedan enrarecerse más  o tener algún tipo de límites, yo no me arriesgo, todo lo contrario, me anido en la imagen y despliego los deseos como el hambre, la tensión (tal vez sexual), la curiosidad. Creo que eso es a lo que más me ha invitado la escritura, a curiosear, imagino por ejemplo un camaleón, luego imagino una niña, luego pienso qué podría hacer esa niña que sorprenda al camaleón, y la historia se va narrando, no tengo algo en mente cuando escribo, por eso digo que es algo que solo pasa.

 

3.- Como escribe Soledad Fariña en la presentación de este libro, a lo largo de los poemas hay una constante metamorfosis y mezcla, un “eros sin jerarquía”, ¿cuál crees que es el lugar del erotismo en estos poemas?

 

Me han preguntado varias veces (o destacado) sobre este libro, el tema del erotismo, yo nunca lo vi ni lo pensé erótico, salvo dos o tres poemas. Hace cuatro o cinco años, pensando en publicar la primera parte del texto con otra editorial, me enviaron una propuesta de edición que me estremeció, la sentí vulgar porque se intensificaban las imágenes a algo que (a mí parecer) era demasiado erótico incluso bordeando lo porno, quiero creer que todos mis personajes son ingenuos, pero también tengo que hacerme cargo y asumir que sí, lo erótico existe y no sé por qué o cuál es su lugar.

 

4.- Los personajes en el libro: la novia, el novio, John C., La China, la Señora, etc. No necesariamente encuentran continuidad o un desarrollo clásico, ¿cuál es el lugar que le das a estas voces?

 

No sé muy bien qué lugar les doy más allá del lugar que tienen, si bien los poemas tienden a narrar una historia, la forma de poema me ha permitido mostrar destellos de personajes que se impactan, probablemente luego mueren, desaparecen, quizás son comidos y viven dentro de un estómago para siempre, ahora que respondo esta pregunta, me dan ganas de saber qué ha ocurrido con ellos.

 

5.- El aspecto fabular no está solo en lo narrativo, sino en la personificación de los animales, aspecto que atraviesa todo el libro. Hay enfrentamiento, hay extrañeza, ¿de dónde proviene esa insistencia de lo animal en el libro?

 

            Desde que existe la Historia, se ha luchado a toda costa, en separarse del animal. Las leyes están encaprichadas con que cada acto sea racional y no hay espacio para lo salvaje, lo sangriento, el aullido, lo crudo, yo pienso un mundo en el que, luego de que el hombre se ha separado de la naturaleza por completo, vuelve a encontrarse, lo veo así, lo supongo así, observarse, olfatearse, morderse.


Relacionados