VIERNES 7 DE SEPTIEMBRE DEL 2018.[1]

Y amaneció y me despedí de Itzayana como me despediría de mi hermana, Fidel Castro me arrastró en su auto hasta la salida de las combis, le pasé dinero para la gasolina y me esperó hasta que la combi saliera rumbo a Comitán. No dormí bien anoche, a veces me pasa que duermo pero la cabeza me sigue funcionando, pienso en mis hermanos, en la fragilidad laboral de mis padres, para qué decir de mi propia fragilidad laboral, y divago y llego a lugares llenos de gusanos y sueño que intento dormir y me doy vueltas y sudo y ni masturbarme me tranquiliza o cansa, y puedo caer a cualquier edad, tengo recuerdos desde los 3 años, y una caja te abre otra caja, muñecas rusas llenas de olores y voces, palabras claves que abren otras palabras claves, golpes, rosas, alicates, grasas negras, tornillos, el taller mi papá en La Pintana, el último 11 de septiembre en Punta Arenas junto a Óscar Barrientos, la casa de Samantha en Tijuana, su familia dedicada al circo y llena de payasos brillantes y generosos, esos blocks proletarios de Baja California tan parecidos a los de Bajos de Mena en Puente Alto, mi abuela que agoniza en el hospital de Rancagua con el corazón hinchado y los pulmones negros, mi abuelo que antes de morir me dice mi Pablo Neruda, nunca fumes marihuana y no olvides que nunca hay una sola mujer, mi abuelo que almorzó con Fidel Castro en Chile en los setentas, pero no con el Fidel de Chiapas, si no con el cubano, nuestro comandante, mi abuelo herrero que trabajó en la Corporación de la Reforma Agraria CORA, quien alfabetizaba en los campos de la sexta región, quien trabajaba el fierro y tenía una fragua, mi abuelo golpeando el fierro al rojo fue preso y vejado por los militares, mis tías-niñas quemaron las fotos con Fidel, las fotos con Allende, y no tuvo intención de inscribir tierras a nombre de su familia y jamás quiso ser un puto exiliado, las manos que sudan y los cigarros que acaban, ya no venderán caguamas, mis tíos hombres son borrachos y drogadictos y termino en la periferia a principios de los noventas, y te dicen que si no son los caminos de Jesús será la pasta base, y uno ahí, con una carita redonda de arroz y fideos mirando la cordillera de Los Andes arder durante los atardeceres de verano, colegio tras colegio, ser siempre el compañero nuevo que llega a mitad de año, Pichilemu, Huamachuco, Malloa, San José de la Estrella, Pelequén, Rengo, Monte Patria, Puerto Montt, Comitán no está a más de dos horas de San Cristóbal y sigo sin dormir y mi cabeza es un tagadá, y el odio y la pena y el insomnio ocupan puestos exactos pero incontrolables, ya no hay teléfonos públicos en Santiago pero desde uno fue la primera vez que llamé a Bulma y le dije que me quería ir a vivir a Iquitos, por el sólo hecho de haber visto Fitzcarraldo juntos la última vez que nos vimos en su casa, y ella que me dice no manches, amor de lejos es de pendejos, vente pa mi casa cabeza de chancho, y yo que camino a su casa recogiendo colillas de cigarros, tratando de buscarle un regalo en la basura dispuesta en las noches de Santiago centro, un naipe, una muñeca, algún objeto para significar esa noche donde por primera vez cogeríamos o haríamos el amor o tiraríamos o culiaríamos y nos turnaríamos para vernos dormir y escribir esa transmisión en directo de lo que sería una historia repleta de trabajo en busca de abrir las puertas de una población, pero llego a Comitán y compro una torta de jamón y una cocacola y me demoro tan poco en llegar a Ciudad Cuauhtémoc, a tan sólo un par de kilómetros de la frontera con Guatemala, pero al intentar sellar mi pasaporte los policías mexicanos me dicen que debo pagar el impuesto, qué impuesto por la chucha, el impuesto legal por dejar el país por tierra, son 500 pesos, la mitad de mi presupuesto, pacos culiaos güeón, al cruzar la frontera perderé la señal de internet y ya no podré dejar marcas ni postas de dónde estoy, abandono México luego de cinco meses de entrenamiento en la cámara del tiempo de las azoteas, me timbran la salida luego de pagar y tomo un taxi hasta La Mesilla, frontera feriana, y el taxista me pregunta que hacia dónde voy, le digo que quiero llegar a Nicaragua, y me dice que es mentira la supuesta migración de nicas hacia México, que los que están cruzando hace mucho son los hondureños que pasan caminando, sin dinero, con toda la fe rumbo al norte, y entrando a Guatemala me timbran pagando 20 quetzales y no me preguntan por el carnet de fiebre amarilla y me subo a un mototaxi hasta la salida de camiones a Huehuetenango, micros Blue Bird, como la que maneja Otto en Los Simpsons, pero tratadas y decoradas con más cariño que a la virgen de Guadalupe, y me subo y me ubico al fondo, siempre me ubico al fondo de los buses, y quiero pasar piola, la gorra que me regalaron los muchachos del Atlante[2] la utilizo para que su visera me tape los ojos (mi sombrero oaxaqueño me alumbraba demasiado de turista y lo dejé en San Cristóbal), tengo los ojos verdes y si miro demasiado tiempo a los ojos de los bebés éstos comienzan a vomitar, no quiero mirar a los ojos cuando me cobran, trato de hablar en español neutro, pronunciando las eses, como lo haría Gokú, como lo haría Bulma, un supuesto deportado mexicano nos intenta vender unos bonsái de alambre y nos dice que no lo ignoremos, y partimos entre las montañas verdes y nubladas y cruzamos un puente que se llama Valparaíso, suena una canción que dice ya tiene novio mi ex[3], hay una hora menos en Guatemala que en México, ahora cruzamos un pueblo que se llama Democracia, Funeraria el Último Traje, y el paisaje es montañoso, como si estuviéramos yendo a Baños Morales o Farellones, pero toda la montaña es verde y pueden verse casas y plantaciones muy arriba, lejos, casas pequeñas y grandes, pobres y ricas, pero todas rodeadas de plantaciones de algo, pero inclinadas, balcones de montaña, y el viaje es lento y lleno de música de banda, el ayudante del conductor atraviesa el pasillo hacia el fondo del bus y abre la puerta trasera, con el bus en andas, y escala por la escalera trasera hasta el techo y acomoda bultos con una seguridad tan contraria a la cultura TurBus chilena, tan asegurada y cobarde, póngase el cinturón si no lo multamos, y no me interesa sacar fotos, no estoy ni a un paso de la mierda NatGeo, pero igual me sorprende que desde la puerta trasera se cuelen en las curvas cuando el bus baja la velocidad, vendedores de frutas en bolsas, mangos, coco, naranjas, y me digo estos podrían fácilmente ser ferianos de La Pintana, y las chicas sentadas adelante mío no hablan español, pero menos inglés sino que lengua local, y comen y ríen y tiran los plásticos por la ventana, y me digo está bien, causa más daño tirar una bolsa plástica por la ventana que hacerse el justo por no hacerlo? Acaso la basura de todos los moralistas culiaos que interpretan y discriminan esta acción ignoran su producción de mierda? Tan lejanos se sienten de los basurales siendo que éstos son santuarios que ellos mismos ignoran de su modernidad? Váyanse a la chucha, en todos los sentidos, conchasdesumadre, y suena la última canción de Arjona: “se quedó sin su sostén para sostenerme”, y pienso, chucha, que Arjona es guatemalteco, y llego a Huehuetenango y bajo mi visera del Atlante me meto a un Pollolandia, pollo frito, tortillas y repollo avinagrado, en todas partes hay pollo frito y mientras mastico, una niña, de no más de 5 años, revisa el basurero del local y extrae los huesos y restos de comida, y les apuesto que no faltaría el turista que grabaría con su teléfono a la niña sacando huesos de pollo de un basurero y diría que la situación de Centroamérica es tal en precariedad que las niñas deben comer desde ahí para satisfacer su consumo de proteínas, pero para qué les apuesto mis joyas a los cerdos, la niña juntaba sus huesos para una perra madre que amamantaba echada a un costado del carro de tortillas donde trabajaba su mamá o tía o la mujer que la cuidaba, y le entregaba en el hocico cada hueso y piel asada con un cariño y complicidad tan bellos, tan cosa que hemos hecho todos por los bichos que queremos, que me dije bah, y escribí y me subí a otro bus sin baño en el barroco terminal de Huehuetenango rumbo a Ciudad de Guatemala, debían ser 8 horas, y el pasaje no era caro, aprendí que nada es caro fuera de Chile, porque hace rato me di cuenta que en Chile nos están cagando en la boca y los chilenos están acostumbrados a comer mierda y  pagar caro por ello, les encanta, sobre todo a mi generación y clase, tan de clase media que quieren ser, tan de decir que para viajar fuera de Chile primero debo conocer mi país, y creen que San Pedro de Atacama, que la Torres del Paine o esa lejanía de Rapa Nui son signos o souvenirs de etapas económicas que el sistema proveerá, porque el chileno no viaja, turistea, y los poetas, mis colegas, no se alejan, siguen yendo a Paris buscando absenta, a Berlín buscando resquicios judíos en la experiencia pinochetista, viajan al DF a puro bolañear, los más cumas siguen creyendo en Buenos Aires, recomendando Valparaíso como cuna cultural podrida de universitarios santiaguinos que aprenden a tocar en guitarra canciones del Artaud de Spinetta, puentes amarillos y la güeá, lo único amarillo son los ríos de pichí para el año nuevo, agüeonaos, y nuestras vagas categorías parentales cuando viajas solo, cuando no conoces al que te recibirá, lanzándote sin concurso ni sorteo, sabiendo que cuando dejes de escribir perderás algo más que el ánimo, porque a los que he visto nunca los he visto escribir, pura foto, puro forniqueo antiespecista, así cualquiera, para eso no salgo de la casa, para eso sigo escuchando las radios populares con lecciones de comportamiento cristiano occidental, órdenes de no casarme con mis primas y negar el goce animal, pero guau, se llenan de fondo hasta los bordes, dónde la forma, porque Chile tiene forma de ají, de pichula de perro, de labio cercenado, de corvo gastado, de cuchillo mellado y todo lo terminado en ado y la ventana del bus es una película con camiones estacionados, con casas a orillas del camino que jamás conoceré, y comienza a oscurecer y el bus se llena de pronto en un pueblo, el ayudante del conductor saca tarros plásticos y los dispone por el pasillo para que pueda sentarse más gente, en una subida, en curva, en bus se frena intempestivamente y todas las personas sentadas en los baldes caen y se desparraman por el suelo, un hombre insulta al ayudante del conductor, le dice por qué nos trata como animales, que ya no hay respeto, que yo tengo un amigo policía y que esto no quedará así, y saca un teléfono y hace que habla con un policía y luego hace una especie de transmisión en directo por Facebook y el ayudante les dice a los pasajeros indignados que sólo se hacen los molestos para así no pagar su pasaje, y una anciana lo recrimina por tener aliento a cerveza, y él responde señora soy cristiano, años que no bebo, y yo saco una petaca de ron y cae la noche (estoy en la ventana y no pienso dar mi asiento), curvas y valles, volcanes y montañas nubladas, y me hace mal entrar de noche a las ciudades desconocidas, sin teléfono, sin conocer a las personas que me recibirán, que en este caso será el poeta guatemalteco Yaax Temoatzin que Itzayana me contactó, Yaax esta noche presenta un libro en Ciudad de Guatemala (Guatemala o Guate, a secas, como la llama la gente, al igual como al DF le dicen México, ya me imagino el escándalo de los regionalistas chilenos si a Santiago le dijeran Chile) y voy calculando velocidad y tiempo y llegaré a las 10 de la noches a Guatemala, dos horas después del inicio del lanzamiento de Yaax y tres horas más tarde de lo que había presupuestado, y voy calculando que mi dinero igual me alcanza para una noche de hotel barato si es que no logro encontrar a Yaax, pero que luego de eso me quedo sin ni uno hasta el otro día, cuando retire del Western el depósito por la reescritura de Roberto Arlt que hice para un director de teatro en Santiago, y me bajo cuando todos se bajan, prendo un cigarro y me doy cuenta que tiemblo, me alejo hasta una esquina caminando, leo la dirección del lanzamiento en mi libreta, la memorizo y trato de darme seguridad (por qué chucha me puse a leer a Rodrigo Rey Rosa antes de venir, basura sobre basura en mi cabeza, una caja de zapatos con mi pie cercenado dentro) y le digo a un taxista cuánto me cobra por llevarme a la Zona 1, y me da una cifra cercana a la que consulté con un hombre cuando venía en el bus, si quiere puede subir fumando me dice el taxista y le doy las gracias y la noche guatemalteca se despliega en el parabrisas y me deja afuera de la dirección señalada, y entro al bar con mis mochilas y el local está lleno y lo que supongo que es Yaax lee un poema donde repite infinidad de veces la palabra sesenta y nueve, algo así como mi deseo negado 69 veces y a los pocos minutos la lectura termina, la gente aplaude con entusiasmo, me compro una lata de cerveza Ice y observo de lejos a Yaax que firma libros, de fondo ponen una canción de Alex Anwandter quien me saca una sonrisa y en los muros hay afiches del contexto de esta lectura: III Festival Queerpoéticas “Políticas de los Deseos y Placeres, presentación de la primera antología de literatura LGBT/Queer Centroamericana” y luego de Anwandter suena Javiera Mena y esto está demasiado chileno me digo, esta güeá parece la Blondie, cuando Yaax termina de firmar libros me acerco y le digo

-Yaax, hola, soy Juan, el amigo de Itzayana…

-¡Juan! Qué tal, cómo llegaste, qué tal el viaje…

-Pues bien, me vengo bajando del bus…

-Ya conociste a mi compañero Gustavo?

-Pues no, acabo de llegar hace 5 minutos, me perdí tu lectura…

-Acompáñame…

Yaax no debe medir más de un metro cincuenta y es delgado como un adolescente gótico, suicida, el techo del local está decorado con paraguas abiertos lo que le da un aire de caída y me lleva hasta una pequeña mesa donde, sentado junto a dos chicas trans, me presenta a Gustavo, su novio.

-Chicas, les presento a Juan, poeta chileno que va, ni más ni menos, rumbo a Nicaragua.

Saludo. Voy por más cerveza.

-Así que chileno –me dice Gustavo.

-Pues sí.

-De dónde?

-Vivo en Santiago, en La Pintana.

-Me carga Santiago. Yo nací en Antofagasta.

-Te siguen gustando los chilenos, Gustavo? –pregunta una de las chicas.

-Años que no estoy con chilenos y no pienso volver a comerme chilenos –dice Gustavo.

-Eres chileno? –pregunto.

-Sí, pero me fui chico, como a los 19, no creas que te voy a decir mi edad de ahora tampoco, pero he vivido la mayor parte de mi vida en Estado Unidos y llevo ya algunos años acá en Guatemala.

-Y a qué vas a Nicaragua? –me pregunta la otra chica.

-Voy a investigar, quisiera saber lo que está pasando allá, escribir algo, no sé…

-Qué valiente.

Se acerca Yaax, reina de la fiesta en ese momento.

-Juan, qué piensas hacer? Lo digo porque ahora nos iremos con les muchaches de fiesta a algún lugar, por si quisieras acompañarnos, si no, Gustavo se regresa a casa y podrías regresar con él, has viajado todo el día.

-Me iría cagao de la risa de fiesta ahora, pero estoy muerto. A parte, ando con mis cosas. Quisiera descansar.

-Entiendo –dice Yaax, quien se coordina con Gustavo para llevarme a su casa. Nos irá a dejar en auto una antropóloga lesbiana quien investiga, me dicen, programas de cuantificación para identificar en internet palabras de discriminación y amenazas contra la comunidad LGTB en Latinoamérica.

-Y es posible eso? –pregunto ya cuando vamos en el auto.

-Amor, todo es posible -me contesta.

Me sentí un poco estúpido con mi pregunta, decidí callar. En el camino ella nos cuenta que anoche le robaron la batería de su auto.

-Pero como con mis amigas estamos organizadas y conspiramos –agregó- en diversos grupos de whatsapp, avisé que estaba sin poder mover el carro y llegaron varias a protegerme mientras tratábamos de solucionar el problema de la batería.

-Maravilloso, divinas –dijo Gustavo.

La antropóloga nos deja afuera de un car wash y nos despedimos. Me iba a despedir de un beso en la mejilla pero ella me dio la mano.

Gustavo y Yaax viven al interior de un car wash, en el segundo piso de una construcción al interior de un estacionamiento. Me preguntas dónde vivo y te señalo un estacionamiento, dice el verso de Mónica de la Torre. Es una habitación amplia con un baño, tienen una cama de dos plazas y Gustavo me dice que tienen un colchón y unas colchas donde podré dormir a los pies de la cama de ellos.

-Bacán –le digo.

Antes de dormir nos bebemos un té y Gustavo me dice que vivió en Nueva York y que hay más guatemaltecos viviendo en Estados Unidos que en Guatemala.

Me caigo de sueño. Le pido a Gustavo la clave del wifi y me acuesto sobre el colchón en el suelo, antes de dormir le escribo a Bulma: estoy en Guatemala, ha sido un día largo, estoy bien.

Y me saco una selfi, pero no se la envío.

Hago un grupo entre Itzayana, Fidel Castro y yo. Les escribo: estoy bien, los quiero.

Me saco otra selfi pero tampoco se las envío.

 

[1] Titulares web del día: TERCER PARO CONTRA LA DICTADURA. ALIANZA CÍVICA CONVOCA HOY POR LIBERTAD DE PRESOS POLÍTICOS. ESTUDIANTES DICEN QUE SEGUIRÁN EN LAS CALLES. Las pintas de “Asesino” que quieren borrar: La Alcadía de Managua continúa con sus acciones de borrar las pintas contra Daniel Ortega y su gobierno al desarrollar una supuesta jornada de limpieza en el ornato de la rotonda Rubén Darío, pero siendo aprovechada para borrar las palabras y frases que revelan el nivel de rechazo que hay hacia el gobernante nicaragüense. Fuente: La Prensa.

[2] Durante los meses en el Df estuve investigando sobre la figura de Juan Carreño Lara (1909-1940) quien fue un futbolista mexicano que jugaba en la posición de delantero. Jugó para el Club de Fútbol Atlante casi toda su carrera, salvo una temporada que lo hizo para el España. Es reconocido por ser el autor del primer gol para México en unos Juegos Olímpicos y en un Mundial de Fútbol, en 1928 y 1930 respectivamente.

[3] Cristian Jacobo. Pinche música de banda.


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