No parece antojadizo vincular la rima de Aviario con diario. Aunque los poemas de este libro estén lejos de la estructura de anotaciones y se centren en la condensación de recuerdos cifrados en la figura de unas pocas aves muy reconocidas: Aviario, primer libro de Julieta Moreno, es un vuelo sobre un cielo diáfano que de pronto se tiñe de tormenta, una que aparece como el dolor de la migración forzada, la separación sentimental, la perdida de esos territorios de infancia cubiertos poco a poco por la maleza y el olor a sanidad.

“El vuelo partirá desde cero/ en alguna casa manchada con cloro”, parte el primer poema y desde el comienzo notamos como la hablante de este libro acusa la magnitud de una travesía, emprende un gran viaje que nos permite ver desde una perspectiva aérea la superficie de los recuerdos y afectos que más sobresalen en el propio jardín sentimental. No obstante, remover esos recuerdos no es tarea simple, porque como dice el mismo poema citado «Estrategias de vuelo»: “Bajo los truenos se genera el trauma./ Bajo los árboles aprendemos a volar.”

Pronto nos topamos con «Gorrión», poema que recuerda al homónimo de Héctor Figueroa, quien versa algunos antecedentes de esta ave: “Gorriones abundísimos en Chile/ por cables eléctricos de calle/ o en limonero árbol patio de tu casa./ Gorrión canta mal ni siquiera canta/ mejor no hablemos de trinar.// Dicen que gorriones no permiten mucho tiempo de cautiverio;/ antes prefieren romperse cabeza contra jaula/ -toda sangre salpicada sobre alas/ violentamente heridas pero en vuelo-.”. El poema de Moreno replica la territorialidad ubicua que establecen los “abundísimos gorriones”, pero en las “poblaciones de la infancia”. Esta mirada que se ubica sobre los cables de electricidad o las ramas de un limonero tiene algo particular: se toma de la mano de un “nosotros” para volar, como si fuera un Peter Pan en el País de Nunca Jamás chileno: “Sobrevolamos los telares colgantes/ desde los balcones de la Villa Portales:/ el amor de las dueñas de casa hecho nido”.

 

Sin embargo, ese lugar pareciera ser solo una ensoñación, porque permanecer en él significa encierro y peligro. Entonces, la hablante se mueve en esta contradicción del anidar y la migración constante, siendo ambos afectaciones igual de intensas, como lo demuestra el poema «Calandria»: “Empezamos un nuevo sendero/ y las bifurcaciones se hicieron infinitas.// Cuidamos el territorio:”. Y ese territorio es tanto el lugar que nos hizo parte de su comunidad como el amor que nos integra a otras personas y el propio cuerpo.

Es interesante esta especie de diáspora que se plantea en el libro, la complejidad de no estar asida a nada, pero a la vez, tirar de esos hilos que tejieron los afectos en cada uno de los espacios y personas: “Escribo de a poco/ queriendo guardar espacios vacíos/ que en algún momento se puedan llenar/ guardar lo intangible”. Tal vez el título de este, el último poema del libro, sea una buena condensación para Aviario, «Mi casa es mi corazón». Aunque suene a bolero, este poema nos indica la magnitud que tiene el espacio aéreo de esta hablante: lograr superar los barrotes, anidar en los recovecos de un país y trinar “en un latido constante de maquinaria pesada/ en una fábrica cualquiera/ en un país que no es el nuestro”.

 

Aviario, Julieta Moreno

Editorial Anagénesis

Poesía, 42 páginas. 2017

 


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