Recientemente publicado por Ediciones G, a la pregunta ¿dónde está el Pueblo? este texto responde sin condescendencia alguna. Intentando comprender, sin reducir ni simplificar, la realidad tal cual es y no como quisiéramos que fuera. Dejamos aquí la presentación del libro escrita por Jaime Pinos.

 



 

Territorio en disputa, la nueva entrega poética de Patricio Contreras, es un texto que establece explícitamente sus propias condiciones de escritura. En primer término, desde la portadilla, estos textos se definen como Poemas paralelos al libro “Calle Abierta”. Estos dos textos constituyen, en consecuencia, un circuito único, integran una serie común con aquellos que Contreras publicara hace un par de años bajo el sello de Balmaceda Arte Joven. Me parece que los vasos comunicantes entre uno y otro texto pasan efectivamente por los materiales y procedimientos empleados, a la vez que por cierto tono compartido entre uno y otro trabajo.

Texto datado y situado, Territorio en disputa no solo da pistas al lector sobre su filiación con el trabajo anterior del autor. También describe la circunstancia concreta en que fue escrito: Estos poemas fueron escritos entre los años 2015 y 2016, mientras trabajaba como bibliotecario en la Escuela Padre Hurtado, Puente Alto. Completando una especie de carta de navegación para orientar su lectura, en su colofón, el texto habla también sobre cuál es la naturaleza de su tentativa: trazar el recorrido por las calles de Puente Alto, sector periférico de la capital de Chile, dando cuenta de las asperezas y ternuras del cotidiano en las poblaciones y ahondando en la problematización de la poesía política en la lucha por el territorio.

Trazar un recorrido, escribe Contreras. Dar cuenta de las asperezas y ternuras del cotidiano en las poblaciones.  Problematizar la poesía política como herramienta en la lucha por el territorio. A continuación algunas notas de lectura respecto a las tareas que el mismo texto se impone.

Una coordenada central de esta cartografía, una de las principales asperezas cotidianas que el texto delata, tiene que ver con las condiciones del trabajo. En el país más capitalista del mundo, en el país del dinero, el trabajo es una experiencia alienada y carente de todo sentido. En este territorio la gente está obligada, literalmente, a matarse trabajando. Ganarse la vida es perderla, escribió en alguna parte Henry Miller. Nunca tan cierto como en el largo y angosto país: La alienación medida en horas trabajadas / en labores cumplidas o no cumplidas/o en cuánto eres capaz de aguantar, dice el poema Prisión voluntaria. El trabajo, la lucha cotidiana por la supervivencia en el laberinto áspero y peligroso del capitalismo salvaje, esa mala vida, aceptada como el orden natural de las cosas. Aquí la prisión es voluntaria. Los propios prisioneros parecen querer creer en las ficciones que encubren su encierro. Como dicen estos versos del poema Panfleto contra la explotación: Donde dice/ persona de esfuerzo/usted debe leer/ explotado/Debe entender la clase media/como una ficción a la medida/de los explotadores de ayer y hoy.

Este último aspecto me parece importante. Al igual que Calle abierta, este texto indaga sobre las formas de existencia de lo que alguna vez fue llamado Pueblo. Pueblo, no gente. Para llevar adelante esa indagación, este texto se despoja de cualquier idealización e intenta rastrear su existencia real. Su existencia degradada. Rezaba la consigna, tantas veces coreada durante la dictadura: Y si esto no es el Pueblo, el Pueblo ¿dónde está?. El Pueblo está en la calle, pidiendo libertad. Me parece claro que el Pueblo ya no está ahí. Más bien está, mayoritariamente, haciendo trabajo esclavo para pagar las cuotas de la felicidad a crédito. Frente a las pantallas omnipresentes de la banalidad televisiva y mediática. Reflejado en las vitrinas que lo separan de las apetecibles cosas nuevas durante el paseo familiar. Haciendo el aguante a la pega durante toda la semana. Agachando la cabeza y pagando el precio que el sistema se cobra por esos breves instantes en los paraísos artificiales del consumo.  

A la pregunta ¿dónde está el Pueblo? estos textos responden sin condescendencia alguna. Intentando comprender, sin reducir ni simplificar, la realidad tal cual es y no como quisiéramos que fuera. El Pueblo Chileno aún existe, desde luego. El problema es desarrollar los instrumentos, la poesía entre ellos, que puedan registrar su actividad y los cambios operados en su imaginario. El Pueblo Chileno, increíblemente, todavía existe. Podemos creer en eso si damos por ciertas las palabras de Elias Canetti: Un Pueblo sólo desaparece del todo/cuando sus enemigos también tienen otro nombre. Nada ha cambiado mucho al respecto en este país. Los mismos enemigos. Los mismos nombres.

Leo el diario. A propósito de un estudio aplicado a 24 países, el titular de la noticia dice: Los niños chilenos menores de seis años sufren la peor salud mental del mundo. Luego, voy a la dedicatoria de este libro: Me gustaría dedicárselos a la Alexandra, a la Sara, al Leito, al Jeisson, al Benja, a la Ivania, a la Ashley y a todas las niñas y todos los niños que crecen en estos espacios violentados. A nadie más. Un libro dedicado a los niños. Un libro escrito para darles algunas coordenadas, necesariamente borrosas e imprecisas, del territorio violento en que nacieron y vivirán sus vidas. Me exiges toda la atención del mundo/y me pregunto que más podría darte yo/en este lugar sin ley donde la desilusión/suele der la única enseñanza posible dice el poema Respuesta a una niña de la escuela de Padre Hurtado. Creo que estos poemas plantean la posibilidad de otra lección, de otra enseñanza. La realidad explicada a los niños. Esa es la disputa. Enfrentar la realidad. Intentar comprenderla por dura que sea. Sólo así será posible imaginar otra vida. Un territorio distinto a  la violencia de este lugar sin ley.

 

Valparaíso. Agosto de 2018

  

  


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